percances-o-accidentes-de-guerraGuerra Espiritual – Percances o Accidentes de Guerra 1

 

1. ¿Quiénes Sufren Accidentes?

El dolor, la enfermedad, las desgracias y accidentes son cosas que hemos vivido todos en el cuerpo de Cristo. Aunque algunos no lo quieran admitir y prediquen que el diablo ya ha sido derrotado y que ya no puede hacernos nada, la verdad es que la Iglesia en todas partes está llena de dolencias.

En todas las denominaciones y grupos cristianos, hay ataques del diablo diariamente. Creo que es injusto decir que el origen de enfermedades y contrariedades se deba por llevar a cabo la guerra espiritual. En todos lados, suceden tragedias, aun en medio de aquellos que más se oponen al mover de la batalla estraté­gica. ¿O acaso los cristianos más conservadores no se enferman ni nunca han sido víctimas de un aborto inesperado o un accidente?

Desde que el diablo tomó el control de la tierra y estableció su imperio de muerte, dolor y maldad, la humanidad ha estado en gran sufrimiento. Este reino de tinieblas opera, trayendo padecimientos a cristianos y a incrédulos. (1 Juan 3.8).

No importa lo que diga Satanás y sus demonios, hay sobre él un gobierno mayor que lo venció y a quien tiene que sujetarse. Nuestro común enemigo ciertamente anda rondando para ver a quién devorar, pero no tiene libertad incondicional para hacer lo que quiera.

 

2. ¿Puede el Diablo Realmente Tocar a un Ungido?

Jesús proveyó en la cruz toda la victoria que necesitamos para vivir una vida protegida cien por ciento por Dios. La Palabra lo dice en 1 Juan 5.18.

También declara: «Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor y en su fuerza poderosa. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo…» (Efesios 6.10-11)

Según estas porciones de la Escritura, existe la posibilidad de no ser tocado por el diablo y de poder permanecer firmes y de pie ante los ataques del maligno. El problema con que nos encontramos aquí, es que la gran mayoría de la Iglesia, prácticamente no camina como debiera andar con el Señor, y no está en posesión absoluta de la armadura de Dios.

Muchas veces, la gente piensa que no está en trans­gresión porque no practica adulterios y borracheras ni asiste a festividades paganas, pero viven reves­tidos de religiosidad, sin misericordia, crítica y sus lenguas no están domadas. El chisme sobreabunda, la competencia y sus vidas dependen más de sus propios criterios que del Espíritu Santo. Éstos son los que, en muchos casos, se enlistan para hacer la guerra espiri­tual y, lógicamente, están desprotegidos. El pecado de cualquier índole conduce a estar en alianza con el diablo, y esto es lo que le da el derecho legal a los demonios de poder tocar a un hijo de Dios.

 

A. Discerniendo las Alianzas que Podamos Tener con el Enemigo.

Cuando salimos a hacer guerra espiritual, lo primero que hacemos es estudiar las características del hombre fuerte con quien vamos a luchar. Las anotamos en una pizarra y luego, empezamos a desglosar todas las posibilidades de cada una de estas definiciones de su carácter, y vemos en qué nos identificamos con ese espíritu.

Creo que uno de los errores de Pablo, y lo que lo condujo a una derrota casi total en la propagación del Evangelio en Atenas, fue la estrategia con la que entró a esta capital. El hombre fuerte, gobernante, allí era el espíritu de Greca. Éste se caracteriza, entre muchas cosas por el intelectualismo, el humanismo, el culto de la razón sobre el espíritu, la elocuencia la arrogancia al demostrar siempre que uno sabe más que los demás, las discusiones interminables para probar todo por medio de la lógica mental, entre otros.

Pablo, inconscientemente, cayó en la trampa de este espíritu, y se dejó envolver por él. Su predicación fue intelectual y sin manifestación de poder, por lo que el resultado prácticamente fue nulo. «Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría. Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. Algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos discutían con él. Unos decían:-¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses. Esto decían porque les predicaba el evangelio de Jesús y de la resurrección” (Hechos 17:16-18).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Guerra de Alto Nivel”

Por Ana Mendez Ferrel

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