percances-o-accidentes-de-guerraGuerra Espiritual – Percances o Accidentes de Guerra 4

 

Continuemos.

B. El Diablo Puede Tocar Cuando se Está Fuera de Orden.

La guerra territorial es un asunto delicado. Tenemos que entender la guerra como la acción en la que convergen las altas organizaciones de inteligencia mundial. En un conflicto militar en el mundo natural la victoria y la derrota dependen de aquel que tenga:

  • La mejor estrategia.
  • El mayor conocimiento de las debilidades y la fuerza de su oponente.
  • El ejército mejor organizado.
  • Las armas más poderosas.

Sin lugar a dudas, este orden es importante porque como hijos de Dios tenemos las armas más poderosas. Sin embargo muchos han perdido batallas por carecer de una estrategia correcta y por desconocer por donde atacaría el enemigo.

Es como un juego de ajedrez en que tenemos que anticipar las jugadas engañosas de nuestro enemigo, estar alerta y velando para deshacerlas antes que tan siquiera se mueva. La guerra es un asunto de astucia e inteligencia divina, de intuición y revelación. Es un tópico de precisión en los tiempos de ataque y de los lugares donde se tiene que atacar. No se trata de lanzar bombas a lo loco para ver si le acertamos a una fortaleza porque no todos los blancos de ataque se destruyen igual, y el hacerlo equivocadamente puede tener un precio muy alto.

Es importante que toda guerra cuente con ejércitos organizados. Sus generales y capitanes tienen que estar en armonía y de acuerdo. Cada parte del ejército tiene que estar preparado y santificado, con suficiente cober­tura de ayuno y oración antes y después de la guerra. Los mapeos de investigación y las palabras proféticas tienen que dar a luz la estrategia correcta. Los partici­pantes tienen que ser gente bajo autoridad y en total sumisión.

Guerreros de iniciativa propia que quieran ser héroes, ponen en peligro a todo el ejército. Las personas en pecado dentro de la armada pueden abrir puertas para que todo el ejército pierda la batalla. Como fue el caso de la batalla contra Hai, en que el ejército de Josué perdió por causa de la transgresión de Acán. (Josué 8).

Un principio básico para la guerra es que nuestro nivel de ataque contra el diablo debe estar íntimamente relacionado con nuestro nivel de autoridad y relación con Dios. A mayor profundidad en nuestra intimidad con Dios, mayor será el nivel de jerarquía contra el que podamos hacer la guerra.

Un guerrero que quiera pelear contra fuerzas territoriales, pero que no tenga poder para liberar a un endemoniado, lógicamente no tendrá la fuerza necesaria para combatir a ese nivel. La persona que quiere pelear batallas de alto nivel, pero no puede vencer sobre asuntos de carácter o en sus propias finanzas, tampoco tiene el poder para pelear territorialmente y será fácilmente derrotado.

Para un confrontamiento contra altos rangos se requiere de una autoridad probada por fuego y de una fuertísima relación con Dios. La fuerza de muchos guerreros poderosos actúa como una fortaleza para cubrir a uno más débil que se encuentre en el grupo. No se trata de eliminar a un guerrero por la mínima debilidad sino de ayudarlo, protegerlo y apoyarlo a crecer por medio de la experi­encia de los demás.

Los rangos en el ejército de Dios se adquieren, no porque alguien tenga mucha revelación, sino por victorias contra el enemigo. La derrota de un gran principado catapulta al combatiente a esferas de influ­encias mayores en el mundo espiritual.

Nuestra autoridad, como parte del ejército de Dios, está íntimamente relacionada con el nivel con el que nos sujetamos a nuestras autoridades terre­nales. A veces, se da el caso que alguien es llamado a la guerra, pero se encuentra en una iglesia donde el tema es desconocido o rechazado. En el primer caso, el guerrero debe informarle a su pastor de su llamado hacia formar parte de la armada de guerra espiritual. Si el pastor es abierto, orientará al soldado en cuestión a prepararse con quienes tengan más experiencia y que sean ministerios probados.

En el segundo caso, el soldado tendrá que tomar la decisión de olvidarse de la guerra y seguir al servicio de ese pastor, o buscar un lugar donde pueda crecer como guerrero y dejar esa iglesia. Lo que es sumamente peligroso y donde ha derribado el diablo a muchos guerreros, es que al sentir el llamado, no toman en cuenta la autoridad de sus pastores y se lanzan al combate como mártires de Dios. Salen a pelear como un ejército «incomprendido», a quien Dios ha llamado por encima de todo gobierno de la iglesia. Esto es falso, y no es el orden del Señor.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Guerra de Alto Nivel”

Por Ana Mendez Ferrel

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