La Doctrina de la Biblia – La Autoridad de las Escrituras 6

 

Continuemos.

Cuando decimos que todas las palabras de la Biblia son palabras de Dios, estamos hablando del resultado del proceso de hacer que la Biblia llegue a existir. Le­vantar la cuestión del dictado es preguntar en cuanto al proceso que condujo a ese resultado, o a la manera en que Dios actuó a fin de asegurar el resultado que él se proponía.

Hay que recalcar que la Biblia no habla de sólo un tipo de proceso ni sólo de una manera por la que Dios comunicó a los autores bíblicos lo que quería que se dijera. Es más, hay indicación de una amplia variedad de procesos que Dios usó para producir el resultado deseado.

Unos pocos casos esporádicos de dictado se mencionan explícitamente en la Bi­blia. Cuando el apóstol Juan vio en una visión en la isla de Patmos al Señor resuci­tado, Jesús le dijo: “Escribe al ángel de la iglesia de Éfeso» (Ap.2:1); «Escribe al ángel de la iglesia de Esmima» (Ap.2:1) “Escribe al ángel de la iglesia de Pérgamo» (Ap. 2:12). Estos son ejemplos de dictado puro y directo. El Señor resucitado le dice a Juan que escriba, y Juan escribe las palabras que oyó de Jesús.

Algo afín a este proceso se ve probablemente en forma ocasional en los profe­tas del Antiguo Testamento. Leemos en Isaías:« Entonces la palabra del Señor vino a Isaías: «Ve y dile a Ezequías que así dice el Señor, Dios de su antepasado David: «He escuchado tu oración y he visto rus lágrimas; voy a darte quince años más de vida. Y a ti y a esta ciudad los libraré de caer en manos del rey de Asiría. Yo defende­ré esta ciudad» (Is 38:4-6).

El cuadro que se nos da en este relato es que Isaías oyó (es difícil decir si fue con su oído físico o mediante una impresión muy contunden­te en su mente) las palabras que Dios quiso que le dijera a Ezequías; e Isaías, actuando como mensajero de Dios, tomó esas palabras y las dijo tal como se le instruyó.

Pero en muchas otras secciones de la Biblia tal dictado directo de Dios cierta­mente no fue la manera en que las palabras de la Biblia llegaron a existir. El autor de Hebreos dice que Dios les habló a nuestros padres por los profetas «muchas ve­ces y de varias maneras» (Heb.1:1).

En el extremo opuesto del espectro del dictado tenemos, por ejemplo, la investigación histórica ordinaria de Lucas para escribir su Evangelio. Él dice: «Muchos han intentado hacer un relato de las cosas que se han cumplido entre noso­tros, tal y como nos las transmitieron los que desde el principio fueron testigos pre­senciales y servidores de la palabra. Por lo tanto, yo también, excelentísimo Teófilo, habiendo investigado todo esto con esmero desde su origen, he decidido escribírtelo ordenadamente…» (Lc.1:1-3).

Claramente esto no es un proceso de dictado. Lucas usó procesos ordinarios de conversar con testigos oculares y reunir información histórica a fin de poder escri­bir un relato preciso de la vida y enseñanzas de Jesús. Hizo su investigación históri­ca a cabalidad, escuchando los informes de muchos testigos oculares y evaluando con todo cuidado la evidencia. El evangelio que escribió martilla lo que él pensó importante recalcar y refleja su estilo característico al escribir.

Entre estos dos extremos de dictado puro y sencillo por un lado, y la investiga­ción histórica ordinaria por el otro, tenemos muchas indicaciones de varias maneras por las que Dios se comunicó con los autores humanos de la Biblia.

En algunos ca­sos la Biblia nos da indicios de estos varios procesos habla de sueños, visiones, de oír la voz de Dios, de estar en el concibo del Señor, también habla de hombres que estuvieron con Jesús y observaron su vida y oyeron su enseñanza, hombres cuyo recuerdo de estas palabras y obras fue hecho acertado por completo por la obra del Espíritu Santo al recordarles todas estas cosas (Jn.14:26).

Sin embargo, en muchos otros casos simplemente no se nos dice la manera que Dios usó para producir el re­sultado de que las palabras de la Biblia fueran sus propias palabras. Evidentemente se usaron muchos métodos diferentes, pero no es importante que descubramos precisamente cuáles fueron en cada caso.

En casos en que intervino la personalidad humana ordinaria y el estilo de redac­ción del autor en forma prominente, como parece ser el caso con la mayor parte de la Biblia, todo lo que podemos decir es que la providencial supervisión y dirección de Dios en la vida de cada autor fue tal que sus personalidades, su trasfondo y edu­cación, su capacidad de evaluar los acontecimiento del mundo que los rodeaba, su acceso a información histórica, su juicio respecto a la exactitud de la información, y sus circunstancias individuales cuando escribieron, fueron exactamente lo que Dios quería que fueran, de modo que cuando llegaron al momento preciso de po­ner la pluma sobre el papel, las palabras fueron plenamente sus palabras pero tam­bién plenamente las palabras que Dios quería que escribieran, palabras que Dios afirmaría que eran las suyas propias.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

Lee La Autoridad de las Escrituras 7

Lee La Autoridad de las Escrituras 8

Lee La Autoridad de las Escrituras 9

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre