Devocionales Cristianos – ¡Es Cuestión de Actitud!

 

2º Reyes 4:1-7 cuentan la historia de una mujer cuyo marido muere dejándole una gran deuda. Su marido era un hombre de Dios, discípulo del profeta Eliseo quien había realizado dieciséis milagros, todos de multiplicación y prosperidad. Al morir, le deja una gran deuda a su esposa (ya que era un gran hombre de Dios, pero un pésimo administrador). La deuda era tan grande, tan grande que el acreedor fue a ver a la viuda para tomar a dos de sus hijos como esclavos y así saldarla. Lo que llama la atención de esta historia es que un hombre que caminaba al lado de quien hacía milagros financieros, se muere pobre. O sea que este hombre caminó pero no bebió del espíritu de su líder. De la misma forma, uno puede ir a la iglesia toda la vida, adorar al Señor y nunca ver un milagro en su vida.

Pero, detengámonos en la mujer de la historia: cuando viene el profeta, ella tiene una actitud negativa, porque le dice: «Tu siervo, mi marido, el que te seguía, el que trabajaba con vos… «. En otras palabras, le estaba diciendo: «Vos tenés la culpa de que me haya dejado esta deuda, le enseñabas, pero mirá lo que me dejó y encima, mis hijos terminarán siendo esclavos»

Esta mujer pasó a minimizar la muerte de su marido y a priorizar la esclavitud debido a sus sentimientos encontrados. Estaba entre la bronca y la frustración… Sus hijos iban a ser arrancados de su vida para ser llevados como esclavos. Esta actitud de bronca y frustración la llevó a culpar al profeta.

Entonces, al principio su actitud fue negativa. Pero luego, cambió de actitud y saldó la deuda. De esta forma aplicó un principio en su vida: cuando uno cambia de actitud, obtiene su milagro. Por otro lado, con esta historia aprendemos que todo en la vida es cuestión de actitud. La actitud es lo más poderoso que tenemos. La actitud nos bendice o nos destruye. Entonces, ¿Cuál es la diferencia entre un problema y una oportunidad? La actitud…

Mi actitud es cómo reacciono a las cosas que me pasan. Es un sentimiento interior que se manifiesta en mi cuerpo, en mi rostro y en mi conducta. Rockefeller dijo al respecto: «Yo pagaría más por su actitud y capacidad de llevarse bien con los demás, que por cualquier otra habilidad que pueda tener». Alguien más dijo: «La vida de una persona es un 10% de las cosas que le pasan y un 90% de cómo reacciona a lo que le pasa». El 90% es la actitud.

Por otra parte, la actitud es algo que llevo a todos lados y que todos ven. ¡Todos ven tu actitud porque la mostrás permanentemente! Además, la actitud puede ser negativa o positiva. Por ejemplo, una mala actitud puede hacer que pierdas tu trabajo. El Instituto de Investigaciones de Stranford declara que el 12,5% de tu conocimiento es el que trae el dinero que tenés y el otro 87,5% de tu dinero lo trae tu habilidad para tratar con gente. Si tenés o no una buena actitud, es lo que va a determinar tu pobreza o tu bendición. Para que haya abundancia en mi vida, primero debo tener abundancia interior.

En una oportunidad, Jesús le dijo a una prostituta: «De tu interior correrán ríos de agua de vida» Es decir, no te preocupes por tu prosperidad económica, primero llenáte de mi prosperidad, de mi presencia, pues tengo que cambiar tus malas actitudes para que cuando tengas abundancia de mi presencia, sueltes buenas actitudes, logrando así cancelar la deuda en todas las áreas de tu vida. Lo primero que Dios va a cambiar es tu actitud negativa por una actitud de fe y de bendición.

Volviendo a la historia de la viuda mencionada anteriormente, podemos ver que esta mujer tenía actitudes positivas que la bendijeron grandemente:

A. Actitud de Aprender: Esta actitud hace que digamos: «Nunca dejaré de apren­der, será la meta de toda mi vida; cada día buscaré aprender más del Señor y ser lleno de El». Entonces, si tengo actitud de crecimiento, si busco de Dios, mi bendi­ción está asegurada.

B. Actitud de vivir: Esta actitud nos enseña a ver el AHORA y a usar lo que tengo. Elíseo le dijo a la mujer: «No hablés del muerto, ni de la deuda, de nada… Vamos a ver ¿qué es lo que tenés ahora?». Esto significa que no podés permitir que los recuerdos negativos y tristes invadan tu mente permanentemente. Porque cuan­do aprendés a administrar el álbum de los recuerdos y ves sólo los positivos, estás preparado para administrar la abundancia de Dios. Aprendé a administrar tu mente con los recuerdos buenos de Dios.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Emociones Lastimadas”

Por Bernardo Stamateas

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