La Doctrina de la Trinidad – Dios en Tres Personas: La Trinidad 10

 

Continuemos.

En cuanto a los pasajes que dicen que Cristo fue el «Hijo unigénito» de Dios, la iglesia primitiva sintió tan fuertemente la fuerza de muchos otros pasajes que mos­traban que Cristo era plena y completamente Dios, que concluyeron que, lo que sea que «unigénito» significara, no significaba «creado». Por consiguiente el credo niceno en 325 afirmó que Cristo era «engendrado, no hecho».

Esta misma frase la reafirmó el concilio de Constantinopla en 381. Además, la frase «antes de todos los siglos» se añadió después de «engendrado del Padre», para mostrar que ese «engendrado» fue eterno. Nunca empezó a suceder, sino que es algo que había sido eternamente verdad de las relaciones entre el Padre y el Hijo. Sin embargo, la naturaleza de ese «engendrado» nunca se ha definido muy clara­mente, aparte de decir que tiene que ver con las relaciones entre el Padre y el Hijo, y que en algún sentido el Padre ha tenido eternamente primacía en esa relación.

En repudio adicional a la enseñanza de Arrio, el credo niceno insistía que Cristo era «de la misma sustancia que el Padre». La disputa con Arrio tenía que ver con dos palabras que se hicieron famosas en la historia de la doctrina cristiana, homoou-sios («de la misma naturaleza») y homoiousios («de naturaleza similar»). La diferen­cia depende del significado diferente de dos prefijos griegos: homo que quiere decir «mismo», y homoi que quiere decir «similar».

Arrio se contentaba con decir que Cristo era un ser celestial sobrenatural y que fue creado por Dios antes de la creación del resto del universo, e incluso que era «similar» a Dios en su naturaleza. Por tanto, Arrio aceptaba la palabra homoiousios. Pero el concilio de Nicea en 325 y el concilio de Constantinopla en 381 se dieron cuenta de que esto no era suficiente, porque si Cristo no era exactamente de la misma naturaleza del Padre, no es plena­mente Dios. Así que ambos concilios insistieron en que los creyentes ortodoxos confiesen que Jesús es homoousios de la misma naturaleza de Dios Padre.

La diferen­cia entre las dos palabras era sólo una letra, la letra griega iota, y algunos han critica­do a la iglesia por permitir que una disputa doctrinal sobre una sola letra consuma tanta atención durante la mayor parte del siglo IV d.C. Algunos se han preguntado: «¿Podría algo ser más necio que discutir por una sola letra en una pala­bra?» Pero la diferencia entre las dos palabras era profunda, y la presencia o ausen­cia de la iota realmente marcaba la diferencia entre el cristianismo bíblico, con una doctrina verdadera de la Trinidad, y una herejía que no aceptaba la plena deidad de Cristo, y por consiguiente no era trinitaria y a la larga destructiva para toda la fe cristiana.

b. Subordinacionismo. Al afirmar que el Hijo era de la misma naturaleza que el Padre, la iglesia primitiva también excluyó una doctrina falsa relacionada, es decir, el subordinacionismo. En tanto que el arrianismo sostenía que el Hijo fue creado y no era divino, el subordinacionismo sostenía que el Hijo era eterno (no creado) y divino, pero con todo no igual al Padre en ser o atributos; el Hijo era inferior o «subordinado» en ser a Dios Padre. El padre de la iglesia primitiva Orígenes ( 185-254 d.C.) abogaba una forma de subordinacionismo que sostenía que el Hijo era inferior al Padre en ser, y que el Hijo eternamente deriva su ser del Padre. Orí­genes intentaba proteger la distinción de personas y escribía antes de que la doctri­na de la Trinidad fuera claramente formulada en la iglesia. El resto de la iglesia no le siguió sino que en el concilio de Nicea claramente rechazó su enseñanza.

Aunque muchos de los dirigentes de la iglesia primitiva contribuyeron a la for­mulación gradual de una doctrina correcta de la Trinidad, el más influyente de to­dos fue Atanasio. Tenía sólo veintinueve años cuando llegó al concilio de Nicea en 325 d.C, todavía no como miembro oficial sino como secretario de Alejandro, obispo de Alejandría. Sin embargo, su mente aguda y capacidad de escribir le per­mitió tener una influencia importante en el resultado del concilio, y él mismo llegó a ser obispo de Alejandría en 328.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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