La Oración – Oración Pequeña, Recompensa Grande 1

 

El Pedido de Jabes al Dios de Israel.

Hablemos acerca de lo que sucede cuando los cristianos comunes y corrientes deci­den tener una vida extraordinaria; la cual es, con toda exactitud, la clase de vida que Dios promete.

Mi propia historia se inicia en una cocina con mostra­dores amarillos y enormes gotas de lluvia que golpeaban sobre los vidrios de las ventanas. Era mi último año de se­minario en Dallas. Darlene, mi esposa, y yo nos dimos cuenta de que pasábamos mucho tiempo orando y pensan­do en lo que estaba por venir. ¿En qué enfocaría mi ener­gía, pasión y entrenamiento? ¿Qué quería Dios hacer por nosotros como pareja? En nuestra cocina, muchas veces pensé en el reto que escuché del doctor Richard Seume, capellán del seminario. «¿Quieres una visión mayor para tu vida?», preguntó al iniciar la semana. «Decídete a ser una persona detallista para Dios».

Una persona detallista, según explicó el doctor Seume, es alguien que siempre hace un poco más de lo que se le pide o de lo que se espera de él. Por ejemplo, en el nego­cio de muebles, el detallista da los toques finales a la mer­cancía, pues con toda paciencia y buen gusto aplica los adornos adicionales que son un sello de calidad y valor.

El doctor Seume utilizó como texto para su desafío la más breve de las biografías que aparecen en la Biblia. «Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos…» (1 Crónicas 4:9). Jabes quiso hacer más y más para Dios, y, como descubrimos al final del versículo 10, Dios le concedió su petición. Allí termina el versículo. Ese es el final del relato bíblico.

«Señor, creo que quiero ser detallista para ti», ore mientras miraba por la ventana la ruidosa lluvia de primavera. Pero estaba confundido. ¿Qué hizo exactamente Jabes para sobresalir? ¿Por qué contestó Dios su oración?, me preguntaba. Y en cuanto a ello, ¿por qué Dios permitió que se incluyera la breve reseña de Ja­bes en la Biblia?

Quizá eran las gotas de lluvia que resbalaban por la ventana. De repente mis pensamientos se deslizaron más allá del versículo 9. Tomé la Biblia y leí el versículo 10, la oración de Ja­bes. Algo en esta súplica explicaría el misterio. Tenía que ser. Alcancé una silla hasta el mostrador amarillo, me in­cliné sobre la Biblia y leí esa oración una y otra vez. Inda­gué y escudriñé con todo mi corazón por el futuro que Dios tenía para alguien tan común como yo.

A la mañana siguiente hice la oración de Jabes, palabra por palabra.

Y la próxima.

Y la siguiente.

Y después de 30 años, no me he detenido.

Si usted me pregunta qué palabras, aparte de la ora­ción de salvación, han revolucionado mi vida y mi minis­terio al máximo, le diría el clamor de ese «detallista» que se llamaba Jabes y a quien todavía se le recuerda, no por lo que hizo, sino por lo que oró, y por lo que aconteció luego.

Quiero presentarle las sor­prendentes verdades que se encuentran en la oración de Ja­bes, para bendecirlo y prepararlo a fin de que espere las maravillosas respuestas, como una parte regular de la ex­periencia de su vida.

¿Cómo sé que le producirá un impacto significativo? Por experiencia propia y por el testimonio de centenares de cristianos alrededor del mundo con quienes he compar­tido estos principios. Pero, algo mucho más importante, porque la oración de Jabes destila la voluntad poderosa de Dios para su futuro. Por último, porque revela que nuestro Padre anhela darle mucho más de lo que usted nunca pen­só pedir.

Simplemente, pregúntele al hombre que no tenía futuro.

 

El Prodigio de la Genealogía.

Alguien dijo una vez que en realidad hay muy poca diferencia entre las personas, pero que esa pequeña discrepancia hace una gran diferencia. En el Antiguo Testamento, Jabes no se levanta corno un Moisés o un David, ni tampoco ilumina el libro de los Hechos de los Apóstoles como aquellos cristianos primitivos que trastornaron al mundo entero. Pero una cosa sí es segura: La pequeña diferencia en su vida hizo toda la diferencia. Usted podría pensar en él como el prodigio de la genealogía o el pequeño gran hombre de la Biblia. Y lo hallará oculto en la sección menos leída de uno de los libros menos leídos de la Biblia.

Los primeros 9 capítulos de 1 Crónicas se refieren al árbol genealógico oficial de las tribus hebreas, comen­zando con Adán a través de miles de años hasta el regreso de Israel de la cautividad. La extensa lista de nombres tan poco familiares y difíciles, más de 500, con certeza hace retroceder aun a los más valientes y aguerridos estudiantes de la Biblia.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Oración de Jabes”

Por Bruce Wilkinson

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