Matrimonios Cristianos – Creencias Acerca del Amor 6

 

Continuemos.

7. No creo que realizar el acto sexual antes del matrimonio sea nocivo para la pareja, siempre y cuando se mantenga una buena relación.

Esta cuestión constituye la más peligrosa de todas las creencias populares sobre el amor romántico, tanto para el individuo como para el futuro de nuestro país.

Al responder al tremendo embate de la industria del placer y de los medios masivos de comunicación, las personas han empezado a creer que las rela­ciones fuera del matrimonio son saludables, que son necesa­rias las experiencias sexuales antes del matrimonio, que la homosexualidad es aceptable y que la bisexualidad es lo máximo. Estas ideas son una muestra irrefutable de la gran estupidez que impera en la esfera sexual en esta era que vivimos, pues son creídas y aplicadas por millones de personas actuales.

Hace poco se hizo un estudio entre estu­diantes de secundaria, el cual reveló que 25% de ellos se han acostado con una persona del sexo opuesto por un período mínimo de 3 meses. Acorde con otra investigación, 66% de los estudiantes de secundaria respondieron a la encuesta que las relaciones antes del matrimonio son saludables cuando las dos personas estén de acuerdo en ello, o «cuando la pareja ya ha fijado una fecha para casarse y se preocupan el uno por el otro».

El antropólogo J.D. Unwin dirigió una exhaustiva investigación sobre 88 civilizaciones que han existido en la historia del mundo. Y por medio de ella se ha revelado que cada cultura ha seguido un ciclo de vida pareci­do: se iniciaron con un código estricto de conducta sexual y finalizaron con una amplia exigencia de «libertad» para dar rienda suelta a sus pasiones individuales. Unwin también averiguó que cada sociedad en la que se ha extendido el libertinaje sexual, el pueblo estaba cercano a desaparecer. Y no ha habido ni una sola excepción.

¿Por qué se puede suponer que los impulsos sexuales son sumamente importantes para que sobreviva una determinada cultura?

Esto se debe a que la energía que mantiene unido a un pueblo es fundamentalmente la energía sexual. La atrac­ción física estimula a hombres y mujeres a establecer una familia y los compromete a desarrollarla. Esta es la fuerza que los anima a trabajar, a ahorrar y a luchar para asegurar la supervivencia familiar.

La energía sexual provee todos los elementos para la crianza de niños saludables, y para trasmitir los valores éticos de una generación a otra. También conduce al hombre a trabajar cuando preferiría descansar o jugar; y a la mujer a ahorrar cuando siente deseos de gastar.

Resumien­do, el aspecto sexual de nuestra naturaleza cuando se mani­fiesta dentro del marco familiar, es la que genera la estabilidad y la responsabilidad que ningún otro factor podría producir. Y si una nación está constituida por millones de hogares afec­tuosos y estables, la sociedad entera será equilibrada, respon­sable y por ende, bien formada.

Siendo la energía sexual la clave de una sociedad sana cuando está rigiendo la vida familiar; si se lanza irreflexivamente fuera de sus ámbitos normales, se convertirá en una fuerza catastrófica.

¿Quién puede ignorar la insanidad de una sociedad, donde los impulsos sexuales de sus componentes se han convertido en instrumentos de sospecha e intriga dentro de tantas familias?

Cuando una mujer desconoce lo que anda haciendo su marido fuera de casa…

Cuando un esposo no puede confiar en su esposa si la deja sola…

Cuando la mitad de las novias se hallan embara­zadas a la hora de contraer matrimonio ante el altar…

Cuando cada recién casado ha tenido todas las relaciones sexuales que ha deseado, perdiendo así la belleza exclusiva del lecho nup­cial…

Cuando cada uno hace lo que le venga en gana buscan­do su satisfacción sexual…

Lamentablemente, la víctima más afectada por esta con­ducta sexual sin frenos, es el niño pequeño, que es sumamente vulnerable a los gritos, discusiones, tensiones y frustraciones de sus padres, que se infiltran en su mundo infantil causando dolorosas heridas que dejaran huellas imborrables en su desa­rrollo infantil y juvenil.

Él es testigo de los conflictos de sus padres, que terminan separados por la ira, y tiene que decirle adiós al padre a quien tanto ama y necesita.

O quizás debemos mencionar a los cientos de bebés nacidos de madres solteras, la mayoría de los cuales no podrán disfrutar de un hogar estable y de una educación adecuadas.

O también tendríamos que añadir la inmensa cantidad de enfermedades venéreas que han alcanzado proporciones epidémicas entre la juventud.

Esta es la consecuencia asquerosa de la lla­mada «revolución sexual» y estoy harto de oír como se la idealiza y defiende.

Dios ha prohibido con mucha claridad la irresponsabilidad sexual, no para privarnos de un placer maravilloso y de la verdadera felicidad, sino para evitarnos las consecuencias horribles de este estilo de vida que sólo corrompe la mente de la humanidad.

Y todas aquellas personas que prefieren ignorar o desafiar Sus Mandamientos, tendrán que pagar muy caro la insensatez de sus conductas. Mis ideas respecto a esta materia podrán estar muy fuera de moda, pero creo en ellas y las defiendo con todas mis fuerzas.

Extracto del libro “Lo Que Las Esposas Desean Que los Maridos Sepan Sobre las Mujeres”

Por James Dobson

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