La Doctrina de los Ángeles – Introducción a la Angelología 6

 

Continuemos.

El apóstol Pablo nos llama la atención a que hay varias clases de cuerpos aun en la tierra (1 Co.15:30, 40), y sigue diciendo, «Hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales».

La evidencia de que no hay cuerpos celestiales es mínima, si el problema descansa sólo sobre la verdad de que el hombre no tiene el poder para discernir tales cuerpos. Los espíritus existen en una forma de organización que es adaptada a su modo de ser. Son tanto finitos como espaciales. Todo eso puede ser la verdad aunque estén alejados de esta esfera terrena. Pueden acercarse a la esfera de la vista humana, pero ese hecho no significa que tienen que conformarse a la existencia humana.

Según lo que demande la ocasión ellos pueden aparecerse a hombres de tal manera que pasan como tales. Si no, ¿cómo pudieran algunos «hospedar a los ángeles sin saberlo»? (He.13:2). Volviendo a su apariencia en otras ocasiones se describe el aspecto angélico como relámpago y su vestido blanco como la nieve» (Mt.28:2-4). Cuando Cristo declaró en Lucas 24:37-39, «un espíritu no tiene carne ni hueso, como veis que yo tengo», no quiso decir que los espíritus no tienen cuerpo alguno, sino que los cuerpos que tienen es de distinta constitución que la de los hombres.

En una manera discreta y prudente el Dr. Guillermo Cooke ha investigado este campo de verdad relacionado a la naturaleza y corporalidad de los ángeles, así:

«En el Antiguo Testamento el Salmista los denomina flamas de fuego (Sal.104:4) que el autor de Hebreos interpreta ‘ hace a sus ángeles espíritus ‘ en Hebreos 1:7; y el verso 14 del mismo capítulo dice que ellos son espíritus ministradores. Pero es aquí donde surge la pregunta: ¿Son los ángeles tan espirituales que en efecto son seres inmateriales como Dios mismo?, ¿o más bien son incorporados en un material dé refinada textura?

Las opiniones, tanto modernas como antiguas están muy divididas en relación a este asunto. Atanasio, Basilio, Gregorio de Nicea, Cirilo y Crisóstomo enseñaron que los ángeles existen en forma absolutamente inmaterial; pero Clemente de Alejandría, Orígenes, Cesario y Tertuliano, entre otros de los padres tempranos, creyeron que esos seres benditos se incorporaron en una forma de existencia material más refinada.

El término espíritu aplicado a ellos por sí mismo no puede en lo absoluto resolver el problema; porque tanto en el hebreo como en el griego esa palabra es primariamente un término material pues indica aliento, aire o viento y, por lo tanto, puede aplicarse sin violencia a lo que sea puro espíritu o igualmente a una naturaleza de una materia refinada.

Es verdad que cuando se aparecieron los ángeles a los hombres tomaron forma humana visible. Sin embargo, eso no es prueba de su materialidad, porque los espíritus humanos en su estado intermedio, aunque sin cuerpo, han tenido contacto con los hombres y aparecieron en forma humana de materia. Eso se ve en el monte de la Transfiguración donde tanto Moisés como Elías fueron reconocidos por los discípulos. También podemos añadir que los ancianos que aparecieron al apóstol Juan y conversaron con él en el Apocalipsis tuvieron forma humana (Ap.5:5 y 7:13). Pero aún estas apariciones no nos darán una solución definitiva para el problema.

Hablando teológicamente, no hay nada inconsecuente ni improbable en la suposición de que los ángeles estén investidos de una naturaleza de materia refinada. Sin duda alguna el cielo es una habitación adecuada para los tales. Enoc y Elías fueron exaltados en cuerpo y alma al cielo mediante una translación, la humanidad glorificada de nuestro Señor está entronizada allí; y los ángeles, aunque envueltos en una materia refinada, pueden habitar en los esplendores de la presencia divina…

Con todo, como es una ley de adaptación que ninguna materialidad tan cruda como ‘carne y sangre’ pueden entrar en ese reino bendito, se sigue que si los ángeles como espíritus habitan en una forma de cuerpo material, ése mismo tiene que ser tan refinado en su naturaleza para excluir todo lo que involucra la posibilidad de deterioro, ni tampoco una organización con apetitos y deseos carnales. Nuestro Señor ha decidido eso al afirmar que los seres humanos en el cielo no se casan ni se les dan en casamiento, pero son como los ángeles de Dios (Mt. 22:30).

En esta comparación entre el estado final de los justos y el estado presente de los ángeles, tenemos una apreciación de la condición de ambos. Hace que nuestro interés en este tema se aumente al saber que los seres tan exaltados, con los cuales vamos a vivir para siempre, tienen una naturaleza común con la nuestra en muchas maneras; y aún es más interesante saber que en lo relacionado con los atributos más altos tanto de los ángeles como los de los hombres, se asemejan a la naturaleza humana de Cristo» (Christian Theology, p.613-614).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática. Volumen 2”

Por Lewis S. Chafer

(Fundador y 1º Presidente del Seminario Teológico en Dallas, Texas. USA)

Lee Introducción a la Angelología 7

Lee Introducción a la Angelología 8

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre