Predicaciones – EL PODER DE LA PRESENCIA DE DIOS 2

Predicaciones – EL PODER DE LA PRESENCIA DE DIOS 2

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Estudios Bíblicos – El Poder de la Presencia de Dios 2

 

Continuemos.

Considere al rey Asa. Este hombre llevó al pueblo de Dios a una milagrosa victoria sobre el ejército Etíope de un millón de hombres. Luego él testificó que fue la presencia de Dios lo que había dispersado al enemigo (2º Crónicas 14:11-12). Mientras Asa conducía a su triunfante ejército de regreso a Jerusalén, el profeta Azarías le salió al encuentro a la puerta de la ciudad con este mensaje: “Oídme, Asa y todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará. Muchos días ha estado Israel sin verdadero Dios y sin sacerdote que enseñara, y sin ley; pero cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos” (15:2-4).

Aquí está el secreto de tener y mantener la presencia de Dios en tu vida. Lo que el Señor le recuerda a Asa no es nada confuso, sino claro: “Asa, nunca olvides cómo obtuviste esta victoria. Cuando estuviste en problemas, me buscaste con todo tu corazón y yo envié mi presencia a ti. Recuerda, fue mi presencia lo que te trajo victoria”.

Cuando la presencia de Dios se pierde, todo queda desfasado, sin ley, guianza ni enseñanza de justicia. Cada cual se convierte en ley para sí mismo, haciendo lo que le parece. Qué imagen es esto de tantos hogares cristianos hoy día: todo está en desorden, no hay paz ni descanso, cada cual haciendo lo que a él o ella se le antoja. El Señor en su misericordia se lamenta sobre tal desorden. Pero no tiene que ser así. Las promesas de Dios no cambian, y su Palabra garantiza, “Por el resto de tu vida, si tú continúas buscándome yo estaré contigo. Cuando clames a mí seré hallado por ti”. Esto no es ninguna doctrina complicada. Cada cual puede tener la continua presencia de Dios si él o ella simplemente clama en fe.

Se nos promete, “El Señor… será hallado de ti” (15:2). El vocablo hebreo para “hallado” aquí significa “Su presencia viniendo en adelante para permitir la bendición”. En otras palabras: “Buscad al Señor con todo vuestro corazón, y él manifestará su presencia. Será una todopoderosa fuerza que te permitirá estar firme y sin miedo”. Sólo cuando la presencia de Dios está sobre nosotros podemos contemplar y comprender su gloria.

Cuando los israelitas estuvieron en el desierto, la presencia de Dios se les manifestaba a través de una nube. Esta nube era una manifestación física de la promesa de Dios de que eran su pueblo. Cubría el tabernáculo día y noche, y actuaba como su guía para cada responsabilidad. Cuando la nube se movía, ellos se movían, y cuando la nube se detenía, ellos se detenían. El pueblo nunca tenía que tratar de descifrar su dirección o futuro. Ellos pusieron toda su confianza en esa nube visible de la presencia del Señor.

Hoy, la nube de la presencia de Dios ronda sobre su lugar secreto de oración. Le espera cada día a usted para envolverle en su lugar. Le guiará, dará poder y guardará en el reposo de Dios, dándole guía para su hogar, trabajo y relaciones. Y usted puede tener comunión con el Señor en cualquier sitio donde esté, sea en el autobús hacia su trabajo o durante su desplazamiento diario para trabajar. Usted puede ahuyentar todo lo demás y decir: “Señor, tengo media hora ahora, y quiero hablar contigo”. Este es su “tiempo secreto de oración” con él.

Es maravilloso tener tiempo de calidad con el Señor, construyendo una intimidad consistente. El Señor promete que si usted busca más intimidad con él, él irrumpirá sucesivamente en su vida, ejerciendo su divino orden en todo su alrededor. Y algo incluso más grande que esto ocurrirá: la continua búsqueda de la presencia de Dios le guiará a una revelación de la gloria de Cristo.

Moisés  procuró una continua manifestación de la presencia de Dios, “…para que te conozca” (Ex.33:13). Y así es como Dios respondió a su siervo: “Mi presencia te acompañará y te daré descanso” (33:14).

(CONTINÚA…)

Por David Wilkerson

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