Matrimonios Cristianos – Guía Básica Para los que Quieren Casarse 5

 

Continuemos.

Es que los varones entienden que la ropa viste lo que hay. A él nunca se le ocurriría decir: «Véndame un pantalón que no me marque la panza». Como toda solución, le hace dos agujeritos más al cinturón, y solucionado el inconveniente. Pero como gene­ralmente suele ser una vendedora, sonríe hábil­mente entre­nada para no perder la calma y hacerle creer a las dientas que están haciendo un pedido normal.

-Me gustaría probarme todos los colores y modelos que tenga.

-¿Recuerda qué talle tiene? -repregunta la vendedora sabiendo de antemano que no se deshará de ella por las siguientes tres horas y media.

-Soy un talle médium, pero quiero llevarme un talle small, así me obligo a adelgazar.

Esa es la incongruencia más inverosímil de todas las que he escuchado alguna vez. ¿Cómo se entiende que un pantalón un talle más chico la obliga a adelgazar? Sería como entrar a una zapate­ría y decir: “En realidad calzo 40, pero deme un 37, así me obligo a achicar el pie”.

Y lo mejor que le puede pasar al esposo es no estar allí para emitir su opinión, porque todo lo que diga puede ser utilizado en una corte marcial en su contra.

-¿Cómo me queda, amor? ¿Me marca mucho?

-¿Eh?

-Mire que ahora se usan ceñi­dos -interrumpe la vendedora al ver la cara y la escasez de neuronas en el esposo.

-¿Lo ves muy ajustado, amor? -insiste ella buscando la aprobación del esposo. Está como puesto a rosca…

-Haga una cosa -vuelve a inte­rrumpir la vendedora, mirando al marido de la dienta con odio-. Lléveselo a su casa y se lo prueba tranquila. Cualquier cosa, puede devolverlo.

Y ahí sin más, concretó la venta. Las vendedoras conocen las pala­bras mágicas: «cualquier cosa puede devolverlo». Esa es una frase que cualquier mujer promedio no está capacitada para resistir. Es similar a una propuesta de casamiento o la promesa de comprarle una barra de chocolate para ella sola.

Eso mismo jamás funcionaría con un hombre. De solo pensar que existe la posibilidad de tener que volver, es capaz de comprarse una máquina para remover nieve aunque viva en el Caribe.

Por otra parte, un hombre que se prueba más de tres cosas, siempre termina comprando algo, para que el vendedor no se ofenda o caiga en un pozo depresivo.

-¿Para qué te compraste esa camisa que al final nunca te ponés? -preguntará ella.

-No me gusta, pero la compré por­que lo tuve al vende­dor mostrándome camisas por más de media hora.

-¿Y?

-No sabes lo feliz que se puso cuando se la compré.

Sin embargo, la mujer es capaz de hacer trabajar a la vendedora el día entero, para luego decir: “Bueeeeeeeeno, cualquier cosi­ta, paso en otro momento”.

Mientras que el esposo que la acompaña, rojo de vergüenza, con­sidera seriamente en hacerse una cirugía para cambiarse el rostro.

Esa diferencia también se nota cuando el hombre va a comprarse un par de zapatos y, obviamente, se prueba solo un pie.

-¿No quiere probarse el otro?

-¿Seguro que el otro es el izquierdo?

-Segurísimo.

-Entonces no hace falta.

Es que cualquier hombre sabe que hasta el día en que se muera tendrá un pie derecho y otro izquierdo y que los dos, gracias a Dios y hasta donde él sabe, son iguales en tamaño.

Una mujer, en cambio, está ple­namente capacitada para hacerle bajar toda la zapatería al vendedor, probarse todos los modelos (inclu­yendo los que hará sacar de la vidriera) y caminar con ellos por toda la tienda, sabiendo que final­mente no va a comprar nada.

Y si finalmente compran algo, apenas salen de la tienda, todas las mujeres del mundo dirán exacta­mente cualquiera de las siguientes frases:

“Yo lo sigo viendo grande, como que me sobra de los costados. Pero me dijeron que si no me gusta, puedo volver y cambiarlo”.

“Nunca me gusta comprar aquí porque atienden mal; no estoy muy convencida de lo que me llevo, pero me dijeron que si no me gusta, puedo volver y cambiarlo”.

“Nunca más te pido que me acompañes, me apuras todo el tiem­po y termino comprando cualquier cosa. Menos mal que me dijeron que si no me gusta, puedo volver y cambiarlo”.

“¡No puedo creer que los mis­mos zapatos que acabo de comprar­me, estén un diez por ciento más baratos en este otro negocio! Tenía que haber recorrido un poco más, pero, como siempre, tú estás apura­do y así no se puede ver nada tran­quila. Lo único bueno, es que me dijeron que si no me gusta, puedo volver y cambiarlo”.

Por Dante Gebel

Tomado de la Revista Ediciones G

6 Comentarios

  1. INcreibleeeeeeeeee!!! Me encanto el articulo y me reí muchoooooooooo!! jajaja.. Ya mismo se lo voy a mostrar a mi novia, el año que viene pensamos casarnos asique hay que tener en cuenta
    todas estas cosas para poder comprendernos mejor y hacer una convivencia mas armoniosa. Muchas gracias Edgardo por las hermosas enseñanzas que me compartis siempre. He aprendido mucho desde que me inscribí en este devocional, fuiste y sos de gran bendicion en mi vida. Realmente fue una excelente decision unirme a ustedes. Gracias a Dios por tu vida!! Un gran abrazo!!

    • Hola Max. ¡¡Bienvenido!! ¡Qué alegría que este tema te haya divertido y enseñado a partes iguales!! Y gracias por tus palabras de aliento y bendición. ¡Éxitos enormes en tu futuro matrimonio!!

  2. Hola Dante, te felicito. Que magnífico artículo, es una guía estupenda
    para quienes quieren casarse porque los que ya estamos casados tenemos que seguir y seguir hasta el fin con esas experiencias que se repiten día tras día.
    Es un artículo bien redactado y su lectura es muy amena. Voy a reenviarlo a mis contactos, así ellos pueden registrarse.

    Gracias

    Ovidio

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