Matrimonios Cristianos – El Amor es lo Que Importa 3

 

Continuemos.

Norm continuó: —Hago todas esas cosas para demostrarle que la amo; aun cuando ella se siente allí y le diga todas esas cosas que ha dicho estos últimos dos o tres años: que no se siente amada, etcétera. No sé qué más puedo hacer por ella.

Cuando miré a Jean, me dijo: —Doctor Chapman, todo eso está bien, pero quiero que él se siente en el sofá conmigo y me lo diga. Nunca hablamos. No hemos hablado en 30 años. Siempre está lavando los platos, cortando el césped, limpiando. Siempre está haciendo algo. Quiero que se siente en el sofá y me dedique algún tiempo, me mire y hable de nosotros, de nuestras vidas.

Estaba llorando otra vez. Era obvio que su lenguaje principal de amor era «Tiempo de calidad». Lloraba porque necesitaba atención. Quería ser tratada como una persona, no como un objeto. Las ocupaciones de Norm no le permitían ver esa necesidad. Al conversar más adelante con Norm descubrí que él tampoco se sentía amado, pero él no hablaba de eso. Él razonaba:

—Si uno ha estado casado 35 años y se pagan todas las cuentas y no se discute, ¿qué más se puede hacer?

Eso es lo que pensaba. Pero cuando le pregunté: —¿Cómo sería una esposa ideal para usted? Si pudiera tener una esposa perfecta, ¿cómo debería ser ella?

Me miró a los ojos por primera vez y preguntó: —¿Quiere que le diga la verdad?

—Sí —le contesté.

Se sentó en el sofá y cruzó sus brazos. Apareció una gran sonrisa en su cara y dijo: —He soñado con eso. Una esposa perfecta para mí sería una que llegara a casa por las tardes y me preparara la cena. Yo estaría trabajando en el jardín y ella me llamaría para comer. Después de la comida, ella lavaría los platos. Probablemente le ayudaría algo, pero ella tendría la responsabilidad. Me coserían los botones que le faltan a mis camisas.

Jean no pudo contenerse más. Se volvió a él y le dijo: —¡No te creo! ¡Me dijiste que te gustaba cocinar!

—No estoy pensando en cocinar—respondió Norm—, pero él me preguntó qué sería lo ideal.

Supe cuál era el lenguaje principal de amor de Norm: «Actos de servicio». ¿Por qué piensa usted que Norm hacía todas esas cosas para Jean? Porque ese era su lenguaje de amor. En su mente, esa era la manera de demostrarle amor: haciendo cosas. El problema era que el «hacer cosas» no era el lenguaje de amor principal de Jean. Para ella no significaba lo que sí hubiera significado para él que ella hubiera hecho esas cosas para él.

Cuando se hizo la luz en la mente de Norm, lo primero que dijo fue: —¿Por qué alguien no me dijo esto hace 30 años? Me hubiera sentado en el sofá para hablar con ella quince minutos cada noche, en vez de estar haciendo todas esas tareas.

Se volvió a Jean y dijo:

—Por primera vez en mi vida entiendo lo que quieres decir cuando dices que no hablamos. Nunca pude entender eso. Pensé que sí hablábamos. Siempre te pregunté: «¿Dormiste bien?» Pensé que hablábamos, pero ahora entiendo. Tú quieres que nos sentemos en el sofá quince minutos cada noche, que nos miremos el uno al otro y conversemos. Ahora entiendo lo que quieres decir, y ahora sé por qué es tan importante para ti. Es tu lenguaje emocional de amor y comenzaremos esta noche. Te daré quince minutos en el sofá todas las noches por el resto de mi vida, si eso te hace sentir amada.

Jean y Norm regresaron a casa y comenzaron a amarse el uno al otro en los lenguajes de amor correctos. En menos de dos meses estaban en una segunda luna de miel. Me llamaron desde las Bahamas para decirme que se había operado un cambio radical en su matrimonio.

¿Puede renacer el amor en el matrimonio? ¡Por supuesto! La clave es aprender el lenguaje principal de amor de su cónyuge y decidir hablarlo.

Extracto del libro “Los Cinco Lenguajes del Amor”

Por Gary Chapman

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