Predicaciones Cristianas – Cómo Tratar Con Los Parientes Difíciles 2

 

Continuemos.

Vale la pena observar que no intentó controlar el comportamiento de su familia, ni permitió que la conducta de ellos controlara la suya. No exigió que estuviesen de acuerdo con Él. No se malhumoró cuando lo insultaron. No tomó como su misión el complacerlos a ellos.

Cada uno de nosotros tiene la fantasía de que nuestros amigos más queridos serán los de nuestra propia sangre. Jesús no tenía esa expectativa. Mire cómo definía a su familia: «Cualquiera que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Marcos 3.35).

Cuando los hermanos de Jesús no compartieron sus convicciones, Él no intentó forzarlos a que lo hicieran. Reconoció que su familia espiritual podría proveer lo que no podía aportar su familia física. Si el mismo Jesús no pudo forzar a su familia para que aceptaran sus convicciones. ¿Qué le hace pensar que usted podrá forzar a la suya?

No podemos controlar el modo en que reacciona nuestra familia con nosotros. En lo que respecta al comportamiento de los otros para con nosotros, tenemos las manos atadas. Debemos superar la idea ingenua de que si obramos bien la gente nos tratará como corresponde. La realidad es que tal vez lo hagan o quizás no. No podemos ejercer control sobre el modo de reaccionar de la gente ante nosotros.

Si su padre es un cretino usted podría ser la mejor hija del mundo y aun así no se lo diría.

Si a su tía no le agrada su carrera pudiera cambiar de trabajo una docena de veces y aun así no lograría complacerla.

Si su hermana vive quejándose por lo que usted recibió y ella no, pudiera llegar a darle todo y aun así no logrará que ella cambie.

Mientras piense que puede controlar el comportamiento de las personas para con usted, permanecerá prisionero de sus opiniones. Si piensa que puede controlar su opinión y esta no resulta ser positiva… ¿A que no adivina a quién le echará la culpa? A usted.

Es un juego de reglas injustas y de finales fatales. Jesús no lo jugó ni tampoco usted debe hacerlo.

No sabemos si José estableció a su hijo Jesús en su ministerio, pero sabemos que Dios sí lo hizo (Mateo 3.17).

No puedo asegurarle que su familia llegue alguna vez a darle la bendición que busca, pero estoy seguro de que Dios lo hará. Permita que Dios le dé lo que su familia no le proporciona. Si su padre terrenal no lo ayuda, permita entonces que su Padre celestial tome su lugar.

¿Cómo lo haría? Al aceptar emocionalmente a Dios como su padre. Pues verá, una cosa es aceptarlo como Señor y otra es reconocerlo como Salvador… Pero aceptarlo como Padre es un asunto totalmente diferente.

El reconocer a Dios como Señor es comprender que es soberano y supremo en el universo. El aceptarlo como Salvador implica aceptar su don de salvación ofrecido en la cruz. El aceptarlo como Padre significa avanzar un paso más. Idealmente un padre es aquel que en su vida provee para usted y lo protege. Eso es exactamente lo que ha hecho Dios.

Ha provisto para sus necesidades (Mateo 6.25–34). Le ha protegido del peligro (Salmo 139.5). Lo ha adoptado (Efesios 1.5). Y le ha dado su nombre (1 Juan 3.1).

Dios ha probado ser un padre fiel. Ahora nos toca a nosotros ser hijos confiados. Permita que Dios le dé lo que su familia no le da. Permítale llenar el vacío que otros han dejado. Dependa de Él para recibir fortaleza y aliento (Gálatas 4.7).

La obtención de la aprobación de su familia es deseable pero no necesaria para lograr la felicidad y no siempre esto es posible. Jesús no permitió que la complicada dinámica de su familia hiciese sombra sobre el llamado de Dios para su vida. Y gracias a que no lo hizo este capítulo tiene un final feliz.

¿Qué le sucedió a la familia de Jesús?

Extraigamos juntos una pepita de oro escondida en una veta del libro de los Hechos 1.12-14.

¡Qué cambio! Aquellos que se burlaban de Él ahora lo adoran. Los que sentían pena por Él ahora oran por Él. ¿Qué hubiera sucedido si Jesús los hubiese desheredado? O lo que es peor aún: ¿Qué habría pasado si hubiese asfixiado a su familia mediante sus exigencias de cambio?

Pero no lo hizo. En lugar de eso les dio espacio, tiempo y gracia. Por haberlo hecho cambiaron. ¿Cuánto cambiaron? Un hermano se convirtió en apóstol (Gálatas 1.19) y otros llegaron a ser misioneros (1 Corintios 9.5).

De manera que no se desanime. Dios aún cambia a las familias.

Extracto del libro “Todavía Remueve Piedras”

Por Max Lucado

4 Comentarios

  1. gracias a DIOS q justamente hoy q necesitava ayuda sobre como tratar a mi familia .gracias hermanos de la misma fe, de nuestro señor JESUS AHORA PODRE compartirlo con mi familia .DIOS LOS BENDIGA

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre