La Doctrina de Dios – Los Atributos Incomunicables de Dios 3

 

Continuemos.

Toda criatura está continuamente llegando a ser. Es cambiable, y constantemen­te se esfuerza, busca descanso y satisfacción, y halla descanso en Dios, sólo en Dios, porque sólo él es ser puro y no está en proceso. De aquí que en la Biblia a Dios a me­nudo se le llama la Roca.

La definición también afirma la invariabilidad o inmutabilidad de Dios respecto a sus propósitos (Sal.33:11). Esta afirmación gene­ral del consejo de Dios la respaldan varios versículos específicos que hablan de los planes o propósitos individuales de Dios que él ha tenido por toda la eternidad  (Mt.13:35; 25:34; Ef.1:4, 11; 3:9, 11; 2 Ti.2:19; 1 P.1:20; Ap.13:8).

Una vez que Dios determina hacer algo, su propósito es inmutable y se realizará. Por cierto, Dios afirma por medio de Isaías 46:9-11 que no hay ninguno como Él. Es más, Dios es inmutable en sus promesas. Una vez que ha prometido algo, no es infiel a esa promesa (Nm.23:19; 1 S.15:29).

 

B. ¿Cambia Dios de Parecer Algunas Veces?

Sin embargo, cuando hablamos de que Dios es inmutable en sus propósitos, podemos preguntarnos en cuanto a los lugares en la Biblia donde Dios dice que juzgará a su pueblo y después debido a la oración o arrepentimiento del pueblo (o ambas cosas) Dios cedió y no les aplicó el castigo que había dicho que les aplicaría. Ejemplos de tal retiro del juicio amenaza­do incluye la victoriosa intervención de Moisés en oración para evitar la destruc­ción del pueblo de Israel (Ex.32:9-14), la añadidura de otros 15 años a la vida de Ezequías (Is.38:1-6), y el no aplicar a Nínive el castigo prometido cuando el pueblo se arrepintió (Jonás 3:4, 10).

¿No son estos casos en donde los propósitos de Dios en efecto cambian? También hay otros pasajes en donde se dice que Dios lamentó ha­ber realizado alguna acción previa. Uno piensa que Dios lamentó haber hecho al hombre sobre la tierra (Gn.6:6), o que lamentó haber hecho rey a Saúl (1 S.15:10). ¿Acaso no cambiaron los propósitos de Dios en estos casos?

Todos estos casos se deben entender como verdaderas expresiones de la acti­tud o intención presente de Dios con respecto a la situación según existe en ese momento. Si la situación cambia, por supuesto, la actitud de Dios o expresión de intención también cambiará. Esto es simplemente decir que Dios responde diferente a situacio­nes diferentes.

El ejemplo de la predicación de Jonás a Nínive es útil aquí. Dios ve la maldad de Nínive y envía a Jonás a que proclame: «¡Dentro de cuarenta días Níni­ve será destruida!» (Jonás 3:4). La posibilidad de que Dios no mande el castigo si el pueblo se arrepiente no se menciona explícitamente en la proclamación de Jonás según se anota en la Biblia, pero por supuesto está implícita en esa advertencia; el propósito de proclamar una advertencia es producir arrepentimiento. Una vez que el pueblo se arrepintió, la situación fue diferente, y Dios respondió en forma dife­rente a esa situación cambiada (Jonás 3:10).

Las situaciones de Ezequías y de la intercesión de Moisés son similares: Dios había dicho que enviaría castigo, y eso fue una declaración verdadera, siempre y cuando la situación siguiera siendo la misma. Pero luego la situación cambió; alguien empezó a orar fervientemente (Moisés en un caso, y Ezequías en el otro). Aquí la oración misma fue una parte de la nueva circunstancia y fue en efecto lo que cam­bió la situación. Dios respondió a esa situación cambiada respondiendo a la oración y no enviando el castigo.

En el caso de que Dios lamenta haber hecho al hombre, y haber hecho rey a Saúl, esto también se puede entender como expresiones del desagrado de Dios en aquel mo­mento hacia el pecado del hombre. En ninguno de los dos casos el lenguaje es fuerte lo suficiente como para exigirnos pensar que si Dios pudiera empezar de nuevo y ac­tuar en forma diferente, no crearía al hombre o no haría rey a Saúl. Más bien puede implicar que la acción previa de Dios condujo a acontecimientos que, a corto plazo, lo hicieron entristecer, pero que con todo a largo plazo, en última instancia lograrían sus buenos propósitos.

Esto es algo análogo al padre humano que permite que su hijo siga un curso que él sabe que le traerá mucha tristeza, tanto al padre como al hijo, pero que lo permite porque sabe que mayor bien a largo plazo resultará de eso.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Teología Sistemática”

Por Wayne Grudem

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