cristo-satisface-nuestra-necesidad-de-valor-personalPredicaciones – Cristo satisface Nuestra Necesidad de Valor Personal 3

 

Continuemos.

Usted podrá replicar que su esposa probablemente no tomaría esa observación de la misma manera, a lo que yo respondo preguntando: ¿Y por qué no? Me pregunto cómo se sentiría un esposo si cada vez que un mozo bien formado caminara por la calle su esposa le llamara la atención y dijera: “¡Ah, mira eso, mira eso! ¡Quisiera tener un muchacho con esa forma!”. Pienso que la mayo­ría de los hombres se pondrían furiosos. No creo que podamos soportar esa clase de humillación.

Estoy convencido de que esas degradaciones no tan sutiles son las responsables de mucho adulterio que ocurre en nuestra sociedad. Si un esposo rebaja a su esposa y la hace sentir como una tonta, ella se vuelve fácil de seducir. Lo único que es necesario para que caiga en una aventura sexual destructiva es que otro hombre se aparezca que la levante y le diga que ella es especial, inteligente y seductora. A causa de su deseo de estable­cer su valor propio, es probable que se incline hacia el otro hombre que le proporciona una imagen personal positiva. Fácilmente puede caer víctima en una relación adúltera.

Alentarnos los unos a los otros es una responsabilidad dada por Dios. La Biblia nos amonesta a practicar un ministerio de “edificación” o estímulo. Eso significa que cuando alguien se sienta abajo se supone que debemos levantarlo. Cuando se sienta como nada se supone que debemos hacerlo sentir como alguien especial. Cuando se sienta sin valor se supone que debemos hacerlo sentir infinitamente valioso.

Pocos personajes de la Biblia me inspiran tanto como Bernabé. Su nombre significa “Hijo de consolación”, y seguramente que su nombre le quedaba muy bien. Se menciona sólo tres veces en la Biblia y, en cada ocasión, está alentando y apoyando a los demás. Parece estar constantemente dedicado a hacer sentir bien a otras personas respecto a sí mismas y a capacitarlas para que crean en sí mismas.

En primer lugar, vende su propiedad para que la iglesia continúe llevando a cabo su misión. El creía tanto en la obra de la iglesia que estaba dispuesto a sacrificar todo lo que tenía para impulsarla a cumplir su misión.

En segundo lugar, Bernabé ayuda a Pablo a ser aceptado por la comunidad cristiana. Cuando Pablo pasó por su notable conversión y quiso formar parte de la comu­nidad de creyentes, los que estaban en la iglesia recibie­ ron la noticia con sospechas. Fueron comprensiblemen­te cautelosos cuando se trataba de recibir como un hermano en la fe a su antiguo enemigo. Muchos de ellos se preguntaban seguramente si Pablo no estaría simulan­do la conversión para poder entrar en el cuerpo de creyentes a espiar. Debieron de preguntarse si ese hom­bre los identificaría ante las autoridades y los marcaría para el martirio. Pero cuando nadie más creía en Pablo, Bernabé sí creyó en él. Cuando nadie más vio la poten­cialidad de Pablo, Bernabé sí la vio. Todos debiéramos preguntarnos si Pablo se habría convertido jamás en el gran líder seguro de sí mismo que fue si Bernabé no lo hubiera animado y creído en él y así hecho posible que creyera en sí mismo.

La tercera referencia a Bernabé en la Biblia es cuando se encuentra ayudando a un Juan Marcos, quebrantado, desalentado y humillado, a salir del desprecio de sí mismo y alentándolo para alcanzar la grandeza.

En el primer viaje misionero, Pablo, Bernabé y Juan Marcos partieron de Antioquía para predicar el evangelio a través del mundo hasta entonces conocido. El viaje se volvió muy difícil. Hubo naufragios, enfermedades y tantos problemas que finalmente Juan Marcos se dio por vencido. No podía hacerle frente; desertó por miedo y regresó a Antioquía humillado y hecho un fracasado. De cualquier manera Juan Marcos era una persona derrotada.

Cuando Pablo y Bernabé regresaron más tarde a Antio­quía, Juan Marcos pidió que le dieran una segunda opor­tunidad. Suplicó a sus hermanos en la fe y explicó que estaba verdaderamente arrepentido por lo que había hecho. Prometió ser más resoluto en el futuro. Casi lo podemos oír: “Por favor, Pablo, dame otra ocasión. Llé­vame en el siguiente viaje misionero. Dame una oportu­nidad más. Prometo no fallarte.” Pero Pablo no quiso.

Rechazó las súplicas de Juan Marcos. Era el mismo Pablo que después escribió: “Si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mis­mo, no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1). En este caso en particular tendríamos que decir que Pablo no practicó lo que predicaba. Gracias a Dios que Bernabé sí lo practicaba.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Es Viernes Pero el Domingo Viene”

Por Tony Campolo

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