Matrimonios Cristianos – La Baja Estima Femenina 2

 

Continuemos.

Hemos asegurado que este sentimiento de baja estima es muy frecuente en las mujeres. Empecé a escribir este libro en una tranquila biblioteca situa­da muy cerca de nuestra casa. No obstante, la bibliotecaria me acaba de interrumpir para comu­nicarme que una amiga de ella quería saber si podía dedicarle unos minutos. A los pocos instantes tenía ante mí a una bella mujer de unos 45 años de edad, que me esperaba junto a la mesa de entrada. Después de presentarse me dijo: —He tratado de localizar su libro pues he sabido que trata sobre la baja estima. Yo me siento continuamente deprimida por mi incapacidad para resolver mis asuntos y pienso que algunos de sus consejos podrían ayudarme.

Estuvimos conversando durante una media hora y ella me describió las mismas ansiedades y frustraciones que yo inten­taba reflejar en mi libro cuando fui interrumpido. Si hubiese podido grabar aquella conversación, podría en este momento presentarles un resumen de todos los sentimientos que afec­tan a las mujeres de todas las edades y que debo escuchar casi diariamente en boca de mis pacientes. Por eso las frustraciones femeninas son tan familiares para mí.

En verdad, no deseo dar la impresión de que ese senti­miento de baja estima es una característica exclusiva de las mujeres. Muchos hombres se sienten tan inseguros y desdi­chado como sus congéneres del bello sexo. Y eso debido a que la baja estima es una amenaza para toda la especie huma­na. Afecta a todas las personas, de todas las edades y niveles económicos, sociales, culturales y étnicos. Cualquiera que se siente inferior a sus semejantes puede verse involucrado en ella.

Cerca de 90% de la evaluación personal que hacemos sobre nosotros mismos está fundada, precisamente, en lo que los demás piensan acerca de nosotros. Y si ellos nos consideran inútiles, holgazanes, antipáticos, indeseables y otras cosas por el estilo, es innegable que nuestra autoestima se irá al suelo.

Un proverbio muy antiguo asegura: «Nadie soporta reco­nocer que no es indispensable». ¡Cuánta sabiduría encierra esta frase! No es para sorprenderse entonces, que muchos hombres presenten un cuadro depresivo poco tiempo después de jubilarse. Estar conscientes de que su etapa laboral ha terminado aumenta el proceso depresivo en la esfera emocio­nal.

Hace poco, un afamado médico aseguró que «un hombre que considera que su vida carece de objetivo o dignidad, no vivirá más de un año y medio». De igual manera los jóvenes más agresivos y rebeldes son aquellos que se encuentran descontentos por lo que son y serán en el futuro.

Entonces, ¿por qué yo destaco la baja estima femenina si es un senti­miento que penetra en todos los seres humanos de todas las capas sociales? Eso es debido a que actualmente, este comple­jo de inferioridad tiene proporciones epidémicas entre las mujeres.

Las responsabilidades que tradicionalmente han estado a cargo de la mujer, son objetos de burla y menosprecio en el mundo de hoy. Mientras tanto, los niños deben ser criados y la estabilidad de la familia debe conservar­se a toda costa, pero las mujeres en quienes recae esa tarea, se ven con mucha frecuencia a sí mismas con un inocultable desencanto.

En muchas conferencias a grupos fami­liares, en diferentes lugares, he comprobado la enorme frus­tración que expresan muchas mujeres que se sienten estúpidas e inútiles, por el solo hecho de dedicarse a la vida hogareña, las que con mucha frecuencia son clasificadas como súper mamás. Como si lo anterior no fuera suficiente deben escuchar una y otra vez, la opinión de la gente corriente: «La verdad es que esas mujeres que se dedican al hogar y les encanta sus tareas, son un poco raras…»

Hace algún tiempo tuve la oportunidad de hablar en un programa de televisión en la ciudad de Los Ángeles. La moderadora del programa, una militante del movimiento de liberación feminista, durante el transcurso del programa afir­mó: «Es virtualmente imposible, que una mujer se sienta feliz consumiendo su vida en el hogar familiar».

Y todos aquellos que mantienen este punto de vista, se han dedicado a trasmitirlo a través de todos los medios posi­bles de difusión masiva tales como: televisión, radio, periódi­cos y revistas. De ese modo tratan de menoscabar los senti­mientos de confianza y satisfacción que la mujer casada podría alcanzar de su permanencia en el hogar.

Entonces no podemos sorprendernos de que muchas mujeres se sientan frustradas ante la idea de que «no son necesarias para nada». Tendrían que ser sordas y ciegas, para no haberse dado cuenta del mensaje que le repiten constantemente.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro «Lo que las Esposas Desean que los Maridos Sepan Sobre las Mujeres»

Por James Dobson

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