Matrimonios Cristianos – Problemas Sexuales en el Matrimonio 4

 

Continuemos.

Cuando el tema del sexo se convierte en algo prohibido en la conversación de la pareja, también el acto sexual se transforma en sí mismo, en un autoexamen, donde cada participante del mismo piensa que está siendo evaluado por el otro. Para destruir estas murallas de incomunicación, los maridos deberán tratar de abrir «las válvulas de escape» de sus mujeres. Esto significa que ellas logren hablar sinceramente de sus sentimientos, sus temores y sus deseos. Podrán hablar de las técnicas y las fórmulas que pueden emplearse para estimular el deseo sexual y de lo que no funciona para conse­guir la excitación apropiada. Y tendrán que hacerle frente a sus problemas con objetividad y tranquilamente como corres­ponde a personas maduras y adultas.

Cuando uno puede hablar de esa forma, entonces ocurre algo verdaderamente milagroso, porque la tensión y la ansiedad se reducen al máximo cuando pueden expresarse libremente. A todos los hombres del mundo les digo una sola palabra: Inténtenlo.

 

D. Los Maridos Pueden Aumentar la Sexualidad en sus Mujeres Poco Apasionadas.

Existe una manera por medio de la cual los maridos pueden aumentar la sexualidad de sus mujeres poco apasionadas, y es la aplicación de las técnicas que se han descubierto para acrecentar el placer durante el acto sexual. Además, hay que tener en cuenta el lugar donde realicemos nuestra relación íntima. Las mujeres se distraen más que los hombres y son más sensibles también a los olores y a los ruidos que nosotros. Les afecta pensar que puedan ser escuchadas por los niños. Y son muy susceptibles a la variedad, la forma y las circunstancias en las que se realiza el acto sexual.

De acuerdo a lo que ellas plantean en el consultorio de consejería matrimonial, como causa de inhibición podemos señalar la falta de aseo personal en sus esposos. Un hombre que trabaja en la construcción, o como mecánico de automóviles o en una estación de servicio puede excitarse por cualquier motivo durante el día y sentir deseos de regresar cuanto antes a la casa, para tener relaciones sexuales con su mujer. Pero puede llegar a la casa sucio, transpirando malos olores y con necesidad de una buena cepillada de dientes. Además, las manos callosas y las uñas largas pueden lastimar la suave y sensible piel de su mujer. Todas estas cosas pueden paralizar la sexualidad de una mujer y hacen que su marido se siente rechazado y, por ende, amargado.

Es cierto también, que la espontaneidad puede ser perfec­ta en el lecho matrimonial, pero con frecuencia, con una mujer poco apasionada resulta un fracaso, si no se ha efectua­do una preparación adecuada antes del acto sexual. General­mente, pienso que las actividades sexuales deben ser planea­das con anticipación, para lograr la mayor satisfacción en las mismas. Le puedo sugerir a un hombre que se sienta poco satisfecho con su vida sexual que llame a un hotel cercano a su casa y haga una reservación para una noche. Pero no haga comentarios sobre ello. Busque discretamente a alguien que quiera quedarse con los niños una noche hasta la mañana siguiente. Después que todo esté listo, invite a cenar afuera a su esposa, y después de la cena, condúzcala hacia el hotel, sin pasar antes por la casa y sin comunicarle sus planes a ella.

La sorpresa y la novedad deben estar reservadas hasta el último instante. Una vez en el hotel, con flores y todas las hormonas funcionando a la vez, el amor y la intimidad se encargarán de dar las últimas instrucciones. Lo que trato de enfatizar es que la excitación sexual adecuada, exige un mínimo de creatividad en ambos cónyuges, especial­mente en los casos en que se evidencia la falta de interés hacia las relaciones íntimas, por parte de la mujer.

Existe una creencia generalizada, por ejemplo, que los hombres son fun­damentalmente activos y las mujeres fundamentalmente pa­sivas. Nada más lejos de la verdad. La libertad de expresar espontáneamente la pasión que sentimos por la persona ama­da es esencial para poder disfrutar nuestras relaciones sexua­les con ella. Pero cuando hacemos el amor en la misma cama vieja, en la misma posición y dentro de las mismas cuatro paredes, sin querer darnos cuenta se convertirá en pura ruti­na. Y las relaciones sexuales rutinarias se convierten en rela­ciones sexuales aburridas.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Lo que las Esposas Desean que los Maridos Sepan Sobre las Mujeres”

Por James Dobson

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