Sectas – El Principio de la Deidad 4

 

Continuemos.

En el Manual del Aprendiz del Magister Aldo Lavagnini, se dice del primer mandamiento Masónico: «La palabra sagrada del aprendiz tiene un significado análogo al primer mandamiento: Yo soy el Señor tu Dios: no tendrás otro dios delante de mí».

Ahora bien si en el pensamiento iniciático todos los dioses son uno y el mismo, ¿dónde queda la posibilidad de tener «otro dios»? Por tanto este mandamiento, lo veamos por donde lo veamos, es imposible de obedecer. Entonces los «sabios filosóficos», para dar una explicación y darle salida a este conflicto, convierten a Dios en un «pensamiento», como lo sigue expresando Lavagnini: «La confianza debe ponerse únicamente en la conciencia y el contacto interior, que es nuestro Padre y Señor, y ya no en los falsos dioses de las consideraciones triviales…. y de las ilusiones de los sentidos».

Cuestionémonos si este pensamiento del superhombre (el gran dios que es la conciencia del ser humano) no tiene nada que ver con el pensamiento Luciferino engendrado en la humanidad en el Jardín del Edén: «No moriréis, sino que sabe Dios que el día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Génesis 3:5).

¡Oh, que manjar tan suculento, ha sido este para el hombre en todos los tiempos! ¡Ser como Dios! Desgraciadamente no es más que «La gran mentira» donde comenzó a tejerse la telaraña de la muerte, que lentamente va cegando los ojos del espíritu para que nunca vean al único Dios. Esta fue la intención primera con que fue engendrada esta semilla del mal que ha seguido germinando y que seguirá siendo, sin lugar a dudas, el pensamiento más popular en nuestros tiempos; la tierra fértil para infiltrar los más ambiciosos planes de Satanás. Lástima que como dioses no puedan resolver los problemas que se escapan de sus capacidades.

Otra de las características de Jehová, el Dios de la Biblia, es que es «Santo», esto es «Puro«, apartado de todo lo sucio y abominable e inmundo. Él no se mezcla, ni comparable a ningún otro dios, ni permite que sus hijos lo hagan (Éxodo 20:3-4, Josué 23:7).

Jehová se ha revelado a través de los profetas del Antiguo Testamento, en forma personal y siempre como el único Dios. El Nuevo Testamento nos habla también de Dios en forma personal por medio de Jesucristo. El dijo: «Mis ovejas oyen mi voz y me siguen» (Juan 10:3) El también hizo esta tajante afirmación para que no cupiera ninguna duda: «Yo soy el camino la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6). Fíjese que no dice que Él sea un camino o una verdad, o una forma de vida, sino que Él es en Sí mismo la verdad absoluta.

Esta declaración de tanto peso se debe al sacrificio que Él hizo en la cruz, por el cual llevó sobre sí el pecado de todos los hombres y por medio del cual se abre el camino que restablece la relación personal entre Dios y la humanidad. Jehová siempre dijo que sin derramamiento de sangre no habría remisión de pecados (Hebreos 9:22). Aquí vemos un principio totalmente diferente al de los dioses de las religiones orientales que se muestran como la «la gran mente universal» o como el Gran Arquitecto del Universo, «G:.A:.D:.U:.», como se le denomina en la Masonería.

Este dios, es algo abstracto, sin personalidad y sin nombre específico, al que no le importa la culpabilidad del hombre por el pecado. A éste se puede llegar por medio de ejercicios espirituales; a través de un sinnúmero de obras buenas y abstinencias ascéticas y a través de continuas reencarnaciones, como ellos lo suponen. En este tipo de pensamiento oriental el alma del hombre nunca muere sino que, al fallecer la persona, su espíritu asciende al mundo astral.

En este lugar existen diferentes niveles que el espíritu va escalando, en una continua cadena de purificación por medio de la reencarnación en otros seres humanos. De esta manera, al pasar por las diferentes vidas, la persona se va desprendiendo cada vez más de sus pasiones y afectos terrenales, volviéndose un ser cada vez más espiritual.

En la práctica vemos que este dios o Gran Arquitecto del Universo, más que ser un dios que ama a su creación, es más bien un símbolo que contiene en sí mismo los planos macro cósmicos y microcósmicos. El hombre se va construyendo a sí mismo, en la medida en que adquiere entendimiento de estos principios. En esta filosofía no existe una comunicación real con este ser superior ya que es tan solo una energía como la fuerza eléctrica. Lo máximo que aspiran sus seguidores, es lograr unir su propia energía con esta energía cósmica.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “GADU: Gran Arquitecto Del Universo”

Por Ana Méndez Ferrel

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