Sectas – Testimonios de Iniciaciones 7

 

Continuemos.

«Después de la muerte, dice el Maestro, los que se apegaron al grado inferior de la existencia emocional incorporada en dicha clase de materia, han de permanecer en los bajos subplanos del mundo astral. El segundo viaje es análogo al primero, con la diferencia que los ruidos son suaves y no estrepitosos. El candidato está todavía en el mundo astral, pero en la parte intermedia, mucho más fina y sutil que la que acaba de atravesar. Esta es la región de las ciegas pasiones; aquella de las ordinarias emociones humanas».

«Empezamos el tercer viaje después del último interrogatorio del Venerable que preguntaba una vez más quién era la profana que quería pasar. Un fuerte ruido de llamas y un calor intenso se dejó sentir, mi guía me trataba de acercar al fuego, pero yo tenía mucho temor.

«¡No hay otra alternativa, tenéis que cruzar!» Me cubrí la cara con el brazo que estaba vendado y haciendo un acopio de valor me dejé arrastrar por mi guía para atravesar aquello que me imaginaba que sería una pared incandescente. Cruzamos aquel infierno. El estruendo de las llamas se fue haciendo cada vez más tenue dando paso a una música suave. Caminamos lentamente. Nos topamos con otras dos series de llamaradas que atravesamos sin contratiempos y así concluyó este último viaje.

De nuevo me sentaron y el Venerable explicó su significado: «En este viaje amiga mía, sólo un hombre os detuvo, representa la edad madura. Las llamas que habéis atravesado representan vuestra purificación y el amor a vuestros semejantes que debe arder eternamente en vuestro corazón. Habéis concluido los tres viajes establecidos desde la más remota antigüedad. El agua en que os bañasteis se llevó en su corriente las viejas escorias de vuestras pasadas edades así como el fuego consumió los antiguos vicios para que se perdiera la memoria de aquella corrupción».

Según el Manual del Aprendiz de Lavagnini, este viaje representaba en los antiguos Misterios la entrada a una sosegada región, símbolo de los subplanos superiores del mundo astral.

«Al terminar me sentaron frente a una mesa sobre la que pusieron otro papel y me dijeron que firmara sin leerlo. Yo no quería firmar nada sin saber lo que era pero, sin obligarme físicamente pero con mucha insistencia, me animaron a hacerlo. Pensando que sería mi certificado de ingreso a la Orden tome la pluma y firmé».

«Fue entonces cuando me quitaron el vendaje de los ojos. Delante de mí se erguía un majestuoso salón revestido de finísimas maderas esculpidas con una serie de símbolos, escuadras, compases y espadas. El techo estaba pintado de azul profundo, como un firmamento lleno de estrellas y de signos del zodiaco. Al fondo, frente al pórtico, se levantaban dos imponentes columnas en las que se enroscaban unas serpientes talladas en la misma madera y pintadas como si fueran de bronce. Entre ellas, había un hermoso cuadro que representaba un arcoíris y toda la estancia estaba alumbrada únicamente por velas, lo que le daba un cierto aspecto entre siniestro y a la vez misteriosamente atractivo».

«A lo largo de las paredes se encontraban sentados los compañeros y los aprendices, todos con el Mandil de trabajo ceñido a la cintura. Frente a mí, en el medio del salón, se mostraba «El Ara», el altar Masón sobre el cual estaba colocado un cojín rojo con una Biblia abierta y sobre ella una escuadra, un compás y unas espadas. Todo ello simbolizaba que la razón es la que debe gobernar sobre el cuerpo y el espíritu».

«Los pocos instantes que me permitieron de silencio para que pudiera contemplar el lugar fueron interrumpidos con la voz grave del Venerable Maestro quien, pausadamente, procedió a leer el documento que yo acababa de firmar. No recuerdo las palabras exactas que decía pero nunca se me olvidará el escalofrío que recorrió mi cuerpo, y el terror de verme sin escape, al darme cuenta que lo que había firmado era mi intervención directa en un crimen, en el que yo misma me acusaba de haberlo cometido. Me sentí perdida como un náufrago a mitad del océano zarandeado por una tormenta. Ahora sí que estaba sola y sin salida».

«Inmediatamente después de la lectura, se organizó un juicio en mi contra. Mi confesión fue determinante para que se me declarara culpable y, prácticamente sin deliberación alguna, fui sentenciada a ser despellejada viva para después ser descuartizada. Por lo que yo había oído sobre el poder casi sin límites de la Masonería, no me pareció nada difícil que pudieran hacerme desaparecer sin que la justicia moviera un dedo en investigar. Es una organización tan poderosa. Pensé que todo lo ocurrido era una cruel máscara para encontrar un culpable de un crimen que ellos habían cometido y así pudieran lavarse las manos impunemente. No tenía escapatoria ni esperanza».

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “GADU: Gran Arquitecto Del Universo”

Por Ana Méndez Ferrel

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