Predicaciones – Actitud de Bendición o de Maldición 3

 

Continuemos.

Jesús había muerto. Pedro lo había negado. Había vuelto a la barca a pescar, con otros discípulos depresivos. Yo imagino que Pedro diría: «Por culpa mía se murió Jesús. ¿Por qué no le habré cortado la cabeza a Judas?’ Pedro pensaba: ‘Hubiera dado mi vida por ti, pero vino una mujer y me acusó y yo arrugué». Sin embargo cuando aparece Jesús resucitado, le dice a Pedro: ‘Pedro ¿me amas?’, a lo que Pedro respondió: ‘Señor, tú sabes que te amo’ y el Señor le dijo: «Apa­cienta mis corderos».

¿Qué le dijo? ‘Apacienta mis corderos.’ ¿Sabes qué quiere decir eso en nuestro lenguaje? ‘Te quiero sirviendo de nuevo, Pedro. Vine a buscarte, no para reprenderte sino para ponerte otra vez en la misión, porque tú no eres esta pescadería, no eres esta barca de pesca. Yo quiero que me sirvas, quiero que me honres, quiero que me adores. Pedro, ¡te quiero en el campo de batalla sirviendo nuevamente!’

Este es el Dios que predico, el Dios que te levanta y te dice: ¿Estuviste apartado? Si me amas, te quiero otra vez en la lucha. Nunca, nunca, nunca te rindas. ¡Aleluya!

 

5. Actitud de Oración.

Orar no es decir: «Oh Señor, mira este problema, mira este otro problema, y este, y este». No. Si eres un gue­rrero no debes orar más así.

¿Sabes cómo orarás? Tendrás que estar siempre con un papel y una lapicera. Te sentarás y dirás: «Señor, acá estoy para orar, para hablar contigo, dame indi­caciones». Y anotarás lo que Dios te diga. Porque la oración es un tiempo en el que conversas con Dios y él te entrena. Dios está buscando esta clase de gente de oración.

Tu vida es muy valiosa. ¿Qué harías si alguien te diera $86.400? Te da ese dinero y te dice: ‘Si no lo inviertes bien, esta noche te lo saco. Lo pierdes. ‘Ahora di: «Ya lo tengo. Tengo 86.400 segundos por día. Mañana Dios me los dará, como cada mañana. Y si no lo uso, por la noche me los sacará». Piensa de qué manera usarás ese capital que Dios te da cada día.

 

Elige la Bendición.

Hoy Dios te dice: «Elige entre una actitud de bendición o una actitud de maldición». ¿Sabes por qué Dios dijo esto al pueblo? Porque hay personas que aunque conocen la verdad eligen mal. Hoy puedes elegir bien.

 

Tú y yo Somos Personas de Fe.

Por eso te invito a orar: «Señor, quiero tener la actitud de buscarte cada día más, buscar tu presencia, Señor».

Ora con la confianza de que Dios es grande, es más grande que tu barrio, es más grande que tu problema. Los cielos y la tierra no lo pueden contener. Ora con la actitud de decir: «Señor, no quiero discutir más con mi esposa, con mi esposo, dame tus ojos para ver esta dificultad con tu mirada. Ese problema que me atormenta ya no tendrá poder si cambio de actitud. No porque el problema haya cambiado, sino porque cambiarán mis ojos frente al problema, porque ahora veré como Cristo. Señor, yo fui com­prado por tu preciosa sanare. Tú has puesto en mis pies una cadena de oro que me encadena a tu Espíritu Santo para que te siga, para que cuando sea rebelde y quiera ir hacia otro lado me tire hacia donde tú vas y siga tus pisadas».

Sé cómo Pedro, que aunque estés caído, derrotado, digas al Señor: «Tú sabes que te amo» y él  te responderá: «Te quiero otra vez en mi equipo, no te quiero afuera. Sé que jugaste mal pero también sé que reconociste tu pecado, reconociste tu error e hiciste un pacto nue­vamente conmigo. Sé que me amas y estás dispuesto a apacentar mis ovejas».

Abre tu boca y dile: «Ven, Señor, ahora. Porque quiero crecer, porque tú me has dado un espíritu de lucha en el ministerio, un espíritu de victoria. Aquí no hay ovejitas, no hay hermanitos derrotados: hay guerreros. Porque el justo cae, pero la mano de Dios lo levanta y le dice: ¡Te quiero de nuevo en la cancha!».

Extracto del libro “Alcanzando el Éxito”

Por Bernardo Stamateas

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