Predicaciones Cristianas – La Ley de la Respuesta y la Ley de la Expectativa 3

 

Continuemos.

8. Declarar la Palabra con la Intención de Que Suceda.

Usted no puede declarar la palabra de Dios sin conoci­miento previo de lo que va a suceder. Si no tiene la intención de que suceda no hable. Si usted le va a hablar a un ciego y no espera que vea, no le hable. Si le dice al paralítico que se levante y no espera que se levante no le hable. Si usted le habla a un sordo y tiene previo conocimiento revelado de lo que va a suceder, entonces hable y espere que el sordo oiga. No puede haber nada en su mente que lo haga dudar. Si piensa que tal vez no sucederá, entonces usted no ha cruzado aún ese obs­táculo; todavía respeta el tiempo, la materia y el espacio, y no puede hablarle a la materia hasta que tome dominio sobre ella. ¿Ahora entiende por qué el conocimiento mental no sirve en asuntos espirituales? Para movernos en lo sobrenatural debe­mos exceder ese ámbito y ejercer dominio sobre las leyes de la naturaleza.

No hable la Palabra si no tiene la intención de que ocurra lo que habla (Salmos 33:6). Cuando la palabra de Dios sale y se junta con el aliento del Espíritu Santo se produce una explosión llamada poder creativo, y el Espíritu Santo la confirma. Ese poder sobrenatural divino hace que los ciegos vean, los sordos oigan, los mudos hablen, los paralíticos caminen. Dios hace milagros creativos. Si usted habla como Dios, con el propósito y la intención de que ocurra lo que habla, no hay alternativa, tiene que suceder; eso se declara sin margen de error (Hebreos 1:3)

Confesión es decir lo mismo que Dios ha dicho. Rhema es hablar lo que Dios está diciendo ahora. La Palabra de Dios se cumple inexorablemente, sino vea­mos el siguiente testimonio:

Durante un servicio de sanidad y milagros en México, un niño de 13 años al que le faltaban dos dedos de sus pies, desde su nacimiento, recibió tremendo milagro creativo. Su situación económica era tan difícil que para llegar a la cruzada tuvo que ponerse a vender pastelitos en la calle. Cuando la gloria de Dios se manifestó en aquel lugar, se desató una ola de milagros creativos, y él se apropió del suyo. Cuando pedí que se revisa­ran e hicieran lo que antes no podían hacer, aquel niño se quitó las medias, todavía con vergüenza. Para su sorpresa, vio que tenía dos dedos nuevos donde antes no existían. De inmediato se le fue la vergüenza. ¡Dios había hecho un milagro creativo, tangible y visible! El muchacho estaba tan feliz, que su sonrisa tímida al comienzo comenzó a crecer y después no podía parar de reír. ¡Gloria a Dios!

Usted no puede operar en lo sobrenatural sin la revelación de la inteligencia de Dios. ¿Cuál es el problema con la iglesia? Los creyentes cometemos el error de pensar en base a nuestras habilidades. Si no está dentro del cuadro de lo que consideramos normal, no lo creemos. No nos atrevemos a ir más allá de lo na­tural, preferimos quedarnos en una zona de comodidad, aunque nada suceda, por temor a cometer errores. El 99% de los creyentes no va a la iglesia con la intención de ver algo sobrena­tural. Se asombran al ver un milagro porque no lo esperan. Si usted no espera que Dios se manifieste para qué va a la iglesia.

Si repasamos estos tres últimos conceptos, debemos recor­dar que, para activar el poder sobrenatural, debemos tener una capacidad de respuesta a la atmósfera generada por la oración, la alabanza y la adoración. Para eso necesitamos traer una ex­pectativa previa. Si no esperamos nada no podemos responder cuando la eternidad de Dios se manifiesta para hacer milagros. Dios extiende Su mano para darnos lo sobrenatural, pero noso­tros tenemos que extender la nuestra para tomarlo.

En conclusión, vimos muchos principios y conceptos de cómo fluir en lo sobrenatural, la oración, la intercesión, la reve­lación, alabar, adorar, cómo edificar una atmósfera, la ley de la reacción, la ley de la expectativa, y el hablar la palabra creati­va. Todo esto conlleva a que la gloria de Dios se manifieste para sanar al enfermo, libertar al cautivo y que el evangelio de Jesu­cristo sea expandido en toda la tierra, y el nombre de Dios sea glorificado en todo lo que hagamos. Así el mundo conocerá a un Dios sobrenatural y también tendrá una experiencia sobrena­tural con Él.

Hoy, amigo lector, usted también la puede tener; sólo tiene que responder a todo lo que ha leído con expectativa, creyendo que el Dios que se movió en la Biblia, y se mueve en mi vida, también se puede mover en la suya.

Extracto del libro “Cómo Caminar en el Poder Sobrenatural de Dios”

Por Guillermo Maldonado

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