Sectas – Testimonios de Iniciaciones 2

 

Continuemos.

Un Verdadero Viaje al Infierno.

  • Una vez que aceptaron tú solicitud ¿Cómo fue la ceremonia de iniciación?

“Era de noche. Me recibió un encapuchado en la calle a la puerta de la Logia. A ese personaje se le conocía como el Primer Experto. Me vendó los ojos y me introdujo al cuarto de reflexiones después de muchos rodeos. Ahí me despojó del vendaje y frente a mí se descubrió un recinto negro con una mesa y un ataúd además de otros objetos. Con voz gruesa y pausada me dijo que reflexionara en todo lo que veía y que llenara un formulario que se encontraba sobre la mesa en un papel triangular. Después de decir esto salió del cuarto dándome instrucciones de que, cuando terminara, diera tres golpes sobre la mesa y no volteara a ver quién entraba”.

“El oscuro cuarto, apenas estaba iluminado por unas velas, lo que hacía que el ataúd que estaba frente a mi resplandeciera en forma siniestra. Sobre la mesa había un cráneo y las velas que alumbraban el lugar. En los muros habían dibujados algunos símbolos de la muerte. En realidad, en lo primero que pensé al estar en aquel siniestro sitio, fue en mi propio fallecimiento, en lo efímera que es la vida y en lo importante que es estar preparado para la venidera. Quería estar en paz con Dios, así que lo único que se me ocurrió fue pedirle perdón por mis pecados y suplicarle también su protección para esta desconocida ceremonia a la que me iba a enfrentar”.

“Nunca me cuestioné si le era agradable o no lo que iba hacer. Presuntuosamente asumí que Él me tenía que ayudar en cualquier circunstancia en la que yo estuviera, porque yo lo veía como un Dios de amor, pero Él es también Justo y Santo. Yo estaba demasiado envanecida en mis propios razonamientos como para preguntarle Su opinión, o quizás lo conocía tan poco que me figuraba que estaba demasiado ocupado como para hacerme caso. ¡Las cosas que uno piensa!. La realidad es que es un Dios Omnipresente, Todopoderoso y que está atento a la obra de sus manos. ¿Dónde me podría esconder para que no me escuchase o para que no me viera?“.

“Cuando terminé de escribir, hice como se me había ordenado y no tardó mucho tiempo en que escuché cómo la perilla de la puerta rechinaba a mis espaldas. De nuevo sentí unas manos desconocidas poniéndome el vendaje sobre los ojos y me llevaron otra vez fuera de la Logia. Hicieron que me pusiera la camisa por fuera de los pantalones, que me enrollara la manga de la mano izquierda la cual me vendaron y ataron al cuello con un pañuelo. Luego me subieron el pantalón de la pierna derecha y me ordenaron que dejara todo dinero afuera. Todo esto simbolizaba el estado en que estaba llegando, espiritual, anímica y físicamente a pedir la ayuda de la Masonería. Desnuda, descalza, imposibilitada, ciega y pobre. De hecho este lugar donde recibes lo que ellos llaman “tu primera luz” se vuelve parte de tu identificación como masón”.

Después de esto, me hicieron un exhaustivo cuestionario acerca de mis creencias religiosas. Luego se escuchó los toques en la puerta en forma irregular que dio el “Guarda Templo Exterior” El “Guarda Templo Interior había sido alertado. Se oyeron varias voces que gritaban desde dentro: “¡Alarma, a la puerta del templo, tocan profanamente!”.

Otra voz fuerte y profunda exclamó “¿Quién es el temerario que se atreve a interrumpir nuestros trabajos y trata de forzar las puertas del templo?”. En ese momento se sintió una leve corriente de aire que se adentraba hacia la puerta que se había abierto. Sentí el impulso de dar un paso cuando me detuvo la punta de una espada que se apoyaba a la altura de mi corazón. Otra vez la misma voz profunda del guarda templo repitió la misma pregunta, la cual fue casi interrumpida por el encapuchado que exclamó: “¡Deteneos! Yo soy el que vengo a presentar a esta profana a nuestra Respetable Asociación”.

“Bajó entonces la espada y nos presentó con el Venerable Maestro. Yo esperaba una palabra de bienvenida, pero, por el contrario, el Venerable alzó la voz y dijo, produciendo un escalofrío en todo mí ser: “Amigos, empuñad vuestras espadas, una profana está a las puertas del templo”.

Un fuerte ruido de aceros se dejó oír que al instante fue acallado por el Venerable: “Hermano Experto, ¿cuál es vuestra intención en hacerle llegar hasta aquí? ¿Qué es lo que pretendéis?”

“Que una mujer de honor aunque profana, sea admitida entre nosotros”.

“¿Con qué derecho se ha servido esperarlo?”

“Con el derecho de ser mujer libre y de buenas costumbres. Yo respondo de ella”.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “GADU: Gran Arquitecto Del Universo”

Por Ana Méndez Ferrel

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