Predicaciones Cristianas – Olor a Pólvora… 2

Continuemos.

La desgracia de abortos se sigue extendiendo. El 75% de la población del mundo vive en países donde el asesinato de niños se ha legalizado. Pero no me importa la legalización dada por cualquier gobierno de este mundo, ¡el aborto es un crimen totalmente ilegal delante de los ojos de Dios! El 25% de todos los emba­razos en el mundo terminan en aborto, unos sesenta y cinco millones de abortos cada año.

El crimen internacional cuesta cuatrocientos mil millones de dólares anuales. En cuanto a los fraudes por computadora suman cuarenta y cuatro mil millones de dólares al año. Y a todo esto hay que agregarle el monto incalculable del negocio criminal de la droga. El narcotráfico, a pesar de los extraordinarios esfuerzos que se realizan para detenerlo, seguirá desarrollándose en toda la tierra. Se escucha de presidentes, jueces, militares, que están de lleno en el negocio de la droga. Hay países latinoamericanos, donde los negocios del chantaje y el sobor­no, o la «mordida» como se le llama en México, es tan fuertemente institucionalizado, que si se acabara de pronto, no una, sino varias naciones del mundo, incluyendo bastan­tes latinoamericanas, quedarían en bancarrota total.

En Estados Unidos hay mujeres usadas por sectas satáni­cas para tener bebés. A veces, el embarazo culmina, y en otras ocasiones abortan a los cuatro o siete meses. Los bebés nunca se registran y se usan, ellos o los fetos, en celebraciones satánicas. De acuerdo a un siquiatra estadounidense, en este país nacen anualmente cincuenta mil niños para usarse en sacrificios satánicos.

Ahora se han puesto de moda en las cadenas de televisión los anuncios de los llamados «síquicos». Nombre sofisticado para referirse a los adivinos, espiritistas, brujos, santeros, astrólogos, etc., que a través de un lucrativo, pero engañoso negocio telefónico, siguen embaucando a miles de incautos que todo se lo creen y que no saben que el que está detrás de todo esto es el mismo que fomenta y apoya todo lo malo y lo que se opone a Dios y su Palabra.

La corrupción institucionalizada en toda nuestra cultura hispanoamericana corre desde el padre que al sonar del teléfono le dice a su hijo: «Atiende tú y dile que no estoy», hasta niveles inimaginables en los mismos gobiernos de las naciones. La mentira, el chantaje, la traición, el robo, el soborno, el abuso de poder, la manipulación de datos e información son evidencias de una corrupción que casi ya no tiene límites en nuestra cultura.

La ciudad es la mente, el cerebro del país. Es el centro del poder cultural, político y económico. A ella afluyen y de ella emanan ideas, planes y decisiones. Ninguna ciudad será en verdad tomada para Dios a menos que los obreros cristianos nos unamos para amarnos, trabajar juntos y pelear la batalla juntos. Esto no será asunto de planear, formar mesas direc­tivas ni tener muy buenas intenciones. Esta unidad es la «unidad del Espíritu». Nace cuando los líderes del pueblo se quitan la máscara y se presentan delante de Dios sin preten­siones, sin orgullos y en una búsqueda de su rostro. Nace cuando están dispuestos a pagar el precio necesario para que la presencia de Dios se haga patente en medio de la Iglesia.

Se siente el olor a pólvora en todas las ciudades del mundo. «Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová» (Joel 1.14).

Se siente olor a pólvora y en esta pelea sin cuartel harán falta cristianos que tengan un oído abierto a la voz de Dios.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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