Predicaciones – Su Trato Íntimo Con Nosotros 4

 

Continuemos.

¡Extraordinario Impacto del Espíritu Santo!

Eran los primeros días del mes de noviembre de 1996 y celebrábamos allí un seminario de liderazgo en preparación de la siguiente cruzada que muy pronto llevaríamos a cabo en Medellín. Sería nuestra segunda cruzada en esa ciudad. Teníamos más de 2000 inscritos. Fue en ese momento cuando llego a la oficina la llamada de aquella mujer acon­goja «No puedo hablar. Con un gran peligro hago esta llamada, pero quiero avisarles que están a punto de ser atacados. Van a sufrir un ataque terrorista».

 

Una Promesa y Una Decisión Dificil.

La labor evangelística nunca ha sido fácil, y a veces ha sido peligrosa. Hemos arriesgado la vida en continuos viaje, ex­puestos a los constantes cambios de altitudes, climas, comi­das Hemos dejado de ver a nuestra familia por tiempos prolongados. En ocasiones nos ha tocado predicar en medio de guerras y amenazas. A pesar de que un guerrillero entro a un estadio a matar al evangelista, a pesar de que en una llamada de teléfono se nos previno de un ataque terrorista, nos animamos a romper brechas y entramos a proclamar^ el evangelio a las casas de gobierno, a las salas jurídicas, a las aulas universitarias y aun en áreas infectadas de terroristas. ¡No es que seamos valientes, ni que tengamos espíritu de sacrificio! Es que en todo riesgo podemos confiar permanentemente en Él. La experiencia nos lleva a confiar, pues en innumera­bles hechos, de diversas formas y en muchas ocasiones, hemos comprobado que «en todas estas cosas somos más que vencedores».

Cuando recibimos la llamada telefónica, nos reunimos un reducido grupo para considerar el asunto. Se avisó a la policía, la que inmediatamente fue a observar el área alrede­dor del edificio. ¿Qué podíamos hacer? Había varias posibili­dades. La más fuerte era la cancelación inmediata del semi­nario y el envío de los asistentes a sus respectivos hogares. Pero jamás olvidaré las palabras de nuestro Coordinador de Cruzadas, Horacio de la Vega: «Vamos a confiar en el Dios del Salmo 91». Ese bendito Salmo nos ha acompañado todos los años de nuestro ministerio. Nos acompañó en El Salvador en medio de la guerra, en Nicaragua frente al gobierno sandinista, en Perú en los dos centros más importantes de Sendero Luminoso, y en las ciudades de Colombia donde el peligro es constante.

El Salmo 91 nos habla de quién es Dios. Comienza con palabras bien descriptivas: «El que habita al abrigo del Altí­simo, morará bajo la sombra del Omnipotente». Parecen dos frases distintas, pero es una misma idea que se complemen­ta:1 Hay aquí dos verbos que son sinónimos: habitar y morar, y están acompañados de dos expresiones bellísimas.

La primera expresión, «al abrigo del Altísimo», nos regala la realidad de una de las más hermosas vivencias de un ser humano que conoce a Dios: Dios es un ser de refugio, un ser que proporciona calor, que rodea con el aliento de su Espíritu y no deja en nosotros áreas desprotegidas.

La segunda expresión, «morará bajo la sombra del Omni­potente», nos habla tres cosas:

A. Morar: vivir con participa­ción plena en el quehacer y los privilegios de un hogar.

B. Sombra: lo que impide que las influencias extremas del reino de las tinieblas nos dañen y nos aparten del propósito de Dios.

C. Omnipotente: Dios todo lo puede, nada le es difícil.

Veámoslo ahora en conjunto: cuando se participa plena­mente en el quehacer y los privilegios de la casa de Dios (la iglesia), se puede estar seguro de que las influencias extremas del diablo mismo no nos apartarán del propósito de Dios, el cual nos guarda, porque para Él no hay imposibles.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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